AUDIORRELATO: El amor no es suficiente

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Un año más, Portugalete.

Pues sí , amigos, por segundo año consecutivo estaré en la Feria del Libro de Portugalete, el viernes 14 de junio por la tarde en la caseta de Mundopalabras firmando ejemplares de mi nueva novela, «El gen del diablo».

Puente colgante de Portugalete

Acabo de elegir la portada de la novela y estoy deseando tenerla entre mis manos. Es la tercera vez que publico con Mundopalabras y tengo claro por qué: Profesionalidad. Esa es la palabra. Y cercanía. Mucha cercanía.

Así que os dejo el enlace a la página de las otras obras publicadas, donde podéis ver la sinopsis y el booktrailer:
https://vanessamunozsanz.com/libros/

Nos vemos en Portugalete.

Recaída

Y allí la tenía otra vez de frente, cara a cara. Yo pensaba que aquellas viejas heridas habían cerrado, pero no; comenzaron a sangrar. Parece mentira cómo, aunque pase el tiempo, hay cicatrices que tardan en difuminarse. Y algunas, puede que no se borren nunca.

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Y entonces me di cuenta de que aquel dolor que estaba sintiendo no era por mí; me daba igual, me era indiferente, ya no me afectaba. Aquella punzada que estaba experimentando, formada por una mezcla de dolor, ira, tristeza y rabia, era por alguien mucho más importante: él.

Él lo es todo. Mi universo. Mi pequeño gran maestro. El que me enseña todo aquello que no sé. El más noble y bondadoso de entre todos ellos. El inocente. El del corazón más grande.

Y por él soy capaz de morir. Soy capaz de matar. Así que no te acerques a su espacio vital. No se te ocurra ni tan siquiera robarle un metro cúbico de aire. Porque me debo a él y por él tomaré la justicia por mi mano si es necesario, si el entorno no se ocupa de poner las cosas en su sitio.

Así que, allí la tenía otra vez de frente, cara a cara: la hipocresía.

¿Te vienes conmigo?

Se condensó el aire
y se nubló el cristal,
cuando el camino estrecho
se empezó a esbozar,
y la maleza muerta
junto al secarral
hacía de cortina
para el caminar.

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El muro de piedra
y las cruces de granito,
lucían aún más bellos
que aquel cielo infinito,
con la luna alumbrando
el sentir más bonito,
y estrellas arropando
las almas en un grito.

Y el andar se hizo galope,
y el galope se hizo amigo
de las gotas de sudor
derramándose en el trigo,
y para compartir el viaje
le dijo la flor al testigo:
«sígueme, yo me vengo,
ven, ¿te vienes conmigo?»

Yo soy de piel

La lluvia al fin.

La que limpia mis heridas.

La que baña mi cuerpo

y rellena las grietas producidas

por su ausencia prolongada.

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La lluvia al fin.

La que repone de lágrimas

ese saco vacío,

para ser derramadas de nuevo

cuando falte.

Porque yo soy de piel,

y si no hay lluvia

me marchito,

al tratar de subsistir

regando con mi propia

mezcla de agua y sal.

Porque yo soy de piel,

y me oriento hacia la lluvia

sea donde fuere

que caiga.

Es mi naturaleza.

Porque yo soy de piel.