Las cestas de Navidad

cesta

Ella recuerda aquella época como una de las más entrañables. La época en la que comenzaban a llegar las cestas de Navidad. Grandes cestas, algunas de hasta seis y siete pisos, otras baúles como cofres del tesoro, llenas de los más exquisitos manjares. Y tantas, que las compartían cómo no con la familia. Por supuesto, a ella lo que más le gustaba era el jamón.

Recuerda que otras sin embargo no eran cestas, sino regalos que ella calculaba debían tener unos precios desorbitados: juegos de vasos del mejor cristal con las filigranas más bellas, figuras de porcelana de una famosa marca de la que no consigue acordarse; pero sobre todo rememora una figura de bronce en la que aparecían una yegua y su potrillo sobre un pedestal de plata. Qué cosa más bonita.

Y aun así, lo que recuerda con atención y un pelín de sabor amargo son las felicitaciones navideñas que acompañaban a todo aquello. No eran normales. Papel de la más alta calidad, obras de pintores famosos impresas como imágenes, y firmadas de una manera un tanto impersonal.

Pero recuerda que era una época entrañable porque se sentía importante con todo aquello. Su padre debía de ser alguien importante que tantas atenciones recibía. Era entrañable por las cenas de Nochebuena, las comidas de Navidad, las cenas de Nochevieja y las comidas de Año Nuevo. Recuerda las excelentes mesas que su madre preparaba, aunque por aquel entonces no suponía el sobreesfuerzo que le implicaba. Ella ayudaba en algo y le encantaba pero el gran peso lo llevaba su madre. Recuerda su familia en casa y bailar villancicos en el descansillo. Recuerda recuerdos nítidos y recuerdos fugaces. Sigue leyendo

Entrevista en Radio El Casar – Plusradio

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Queridos lectores, me hace muchísima ilusión (y me causa tremenda ansiedad) comunicaros que esta noche a las 21:00 me realizarán una entrevista en la radio local de El Casar. Para mí está experiencia es absolutamente nueva, así que os podéis imaginar. Podéis escucharme en la 107.5 de la FM, y en www.plusradio.es desde cualquier parte.

Hablaremos sobre mis venturas y desventuras, sobre cómo llegué aquí y en especial sobre cómo acabé en esta andadura literaria recién estrenada. Comentaremos algunas cosas sobre mi primera novela, “El páramo”, que se publicará próximamente, eso sí, sin desvelar los puntos clave pero dejándoos con la miel en los labios y ganas de saber más.

¡Nos escuchamos!

 

¿Usted durmió anoche conmigo?

maquillaje

Atorada, deambulaba a toda prisa por la casa cambiando la música y sacando ropa del armario que echaba sobre la cama haciendo diferentes combinaciones. Era el momento que más disfrutaba de una cita: el ritual de la preparación.

Al final se decidió por aquel mini vestido morado de raso que tan lindo la quedaba. Y como no, le acompañarían unos tacones de vértigo en el mismo color que las florecillas que estampaban el vestido. Tenía costumbre de elegir primero el atuendo porque después iría en conjunto todo lo demás: el pelo, liso o rizado, recogido o suelto, el maquillaje, las uñas… En definitiva, la actitud. Un cigarrillo relajadamente antes de maquillarse sin más ropa que la interior y una bata de seda. Quizá una cerveza también para acallar los nervios.

Y así, con acabado perfecto y actitud segura, arrancó el coche para dirigirse al lugar de encuentro. Y sí, allí estaba él. Lo que entró por su retina la hizo ponerse nerviosa. Sus manos sudaban al volante. Ese cuero hasta la rodilla le hacía justicia. Y al abrir la puerta del copiloto, su perfume embriagador, su voz hechizante… Estaba perdida. Su actitud se esfumó y por disimular sus nervios se puso a hablar sin parar. Hasta que él con un gesto de su mano la invitó a callar y le dijo:

-¿Usted durmió anoche conmigo?

Se hizo el silencio…

-¿Cómo? –Preguntó ella algo confusa.

-Que si usted durmió anoche conmigo.

-No…

-Entonces primero me saluda…

Y la besó. Un beso en los labios que causó un silencio atronador en el interior del coche. Entonces los nervios se disiparon. Se volvió serena, como hipnotizada. Y arrancó.

¿Qué vienes a buscar?

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¿Qué vienes a buscar

después de tanto tiempo

después de tantos años

y tanto sufrimiento?

¿Te piensas que sin más

puedes marcar su móvil

y yo sin importancia

voy a quedarme inmóvil?

Qué equivocada estás

pedazo inconformista

pues resulta que yo

soy más joven y lista.

Me retaste, so tonta

cuando en esa llamada

te pregunté tu nombre

y no me lo desvelabas.

Vaya tesoro perdiste,

niña tonta y caprichosa,

tratándolo cual juguete

y sintiéndote dichosa.

Relegándolo después

a un rincón, como si nada,

e invitándolo a tu boda

con quien contigo ya estaba.

Así que pequeña ilusa

¿Qué vienes a buscar

con tu marido, tus tres hijos,

y tu forma de llamar?

¿Te crees que por ser euskal

eres mejor y más chula?

Pues “pa” chula yo, bonita,

yo el corcel y tú la mula.

Así que, vulgar lagarta,

déjate de llamaditas,

ni le dirijas la palabra,

ni la hora, ni buenos días.

Y si arrepentida estás

de la elección que hiciste

te jodes, así sin más,

que oportunidad tuviste.

¿Cena de Navidad?

No me tomes por boba,

que ni toda zorra es de campo

ni toda bruja lleva escoba.