El duelo tardío

Ante una pérdida, ¿qué ocurre cuando no haces el duelo en su momento? Yo os lo diré: estrés post traumático, desarrollo de conductas no adaptativas, y un largo etcétera con alto riesgo de peores consecuencias a medida que pasa más y más tiempo. Sin embargo, la buena noticia es que aun siendo tarde ese duelo puede hacerse. Y funciona.

Aquí os dejo un fragmento de mi vida…

ANSIADOS REENCUENTROS

Había una vez, tal día como hoy hace 26 años, una niña de 12 que estaba en casa con su papá. Mamá no estaba, pues ese sábado le había tocado trabajar en la oficina. La niña tenía previsto ir a la compra con papá cuando terminasen de desayunar. Entonces, su papá de repente le dijo:
– Hija, tengo un dolor en el pecho que se me va al brazo izquierdo y me tiene molesto…
Y la niña, que a pesar de su corta edad era muy “marisabidilla” le contestó:
– Papá, eso es que te está dando un infarto, ¿por qué no vamos al centro de salud a urgencias?
– No – dijo su papá – no te preocupes. Voy a sentarme un rato en la terraza, verás cómo se me pasa, y después nos vamos a comprar.
Así que la niña no tuvo más remedio que conformarse. Mientras ella hacía la cama de sus padres, su papá se ponía las deportivas en el cuarto de baño. Y de repente, escuchó una especie de rugido extraño y enseguida comprendió que algo no iba bien.
– Papá??…
Nadie contestó… Fue corriendo al baño y allí encontró a papá, tirado en el suelo y con una gotita de sangre resbalando por el puente de la nariz, pues parecía que se había golpeado con el marco de la puerta al caer. Entonces un grito desgarrador ahogó su garganta. Buscó ayuda en casa de sus vecinos, y llamó a su mamá a la oficina para decir “mamá, ven a casa, papá ha tenido un infarto y ha muerto…”
Esa fue la última imagen de su papá, no pudo despedirse, nadie la dejó ir al entierro, nadie la llevó nunca al cementerio. Y todo alrededor siguió como si nada. Craso error. No pudo hacer ese duelo y la factura que le pasó la vida desde entonces fue demasiado cara.
Hasta hoy, que tras 26 años, esa niña que soy yo, ha podido verte. He podido sentir tu abrazo a través del granito, con emoción, felicidad y alivio. Ansiado reencuentro, por fin, papá. Me ha hecho mucho bien. No sabes cuánto.

NUNCA ES TARDE PARA HACER EL DUELO.

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