Me gusta tu perfume. Siempre me ha gustado.

Desde aquella noche con pimientos de padrón en la que acabaste a mi lado en la cama,

donde el respeto se rindió a las ganas.

Y la tarde siguiente.

Y aquella noche que sucedió a un puente aéreo, aquella en la que una habitación quedó vacía.

Esa en la que el agua, las burbujas y el vapor fueron nuestras sábanas.

Y la mañana siguiente.

Y muchas otras noches. De confidencias, de secretos, de acuerdos.

Noches que se hacen día en el asiento de atrás.

Y conversaciones telefónicas, muchas, donde no puedo verte pero sí oler tu perfume.

Y encuentros. Esos en los que no nos podemos tocar. Pero puedo olerte.

Desde entonces, siempre y cada vez que vienes, lo impregnas todo con tu perfume.

Luego te vas, pero el perfume se queda. Y me transporta.

A tu piel, al calor de tu cuerpo, a tu mano en mi cintura.

A eso que sólo tú y yo tenemos.

Y me gusta tu perfume. Siempre me ha gustado…

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