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lluvioso… Sabes que es primavera por lo que dice el calendario, no por el clima. La humedad entra en tu cuerpo con cada inhalación y te estremece… pero a la vez te gusta. Es casi la puesta de sol. ¿Sol? Le intuyes a través del manto de nubes grises y densas, casi negras, en algunas zonas del cielo. Y la neblina… La indiscutible reina del ocaso que todo lo envuelve… Qué extraña y a la vez agradable sensación… Los paisajes a ambos lados, verdes, tupidos, intensos, frondosos, te recuerdan a los pastos asturianos… Si es que alguna vez has estado allí…

Conduciendo por la M-117 un día cualquiera, volviendo a casa. Sí, esa carretera de doble sentido sin arcén, que se inunda cuando llueve ocultando peligrosamente las zanjas laterales. La de las curvas peligrosas si no respetas los límites de velocidad. Pero cuánto te gusta, porque es como si te transportara a otro lugar, tranquilo y lleno de paz. “Qué curioso”- piensas mientras sonríes, porque al coger la carretera aún era de día, y a la mitad de trayecto ya casi es de noche. Miras por el cristal a tu derecha y ves a lo lejos un páramo, cuyos árboles se erigen sobrios, imponentes. Vuelves a sonreír y justo cuando giras tu cara de nuevo al frente… ¡ZAS!… Te sobresaltas porque has visto un peatón justo a pie de carretera, algo difuso por la escasa luz y la niebla, pero sí, era una figura humana. Aminoras la marcha, recobras el aliento, qué bien que no has perdido el control del coche. “Madre mía”- piensas, porque te parece muy peligroso caminar por esa carretera en esas condiciones de luz y visibilidad. Y además la niebla. Así que decides mirar por el espejo retrovisor para ver al peatón, y… ¿Dónde está el peatón? Nada en el arcén… Nada en el asfalto…

Llegas a casa y revisas el coche para comprobar que no tiene ningún golpe. No, no sentiste ningún impacto, no pudiste arrollar al peatón. Además, al mirar atrás en la carretera no había nadie, ni peatón, ni nada. ¿Imaginaciones tuyas, quizá? Pudiera ser. Con la mala visibilidad, la niebla… Pero jurarías que viste un peatón. Al menos una figura humana. Casi atreverías a decir que de mujer…

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