Ni fu ni fa, ni x ni ye

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Como un buen vino con los años. Tu boca sigue siendo perfecta, trazada con tiralíneas. El timbre de tu voz me penetra el cerebro e invade toda mi materia gris. Me absorbe… Recoge toda mi atención en tu aquí y en tu ahora. Te oigo pero no te escucho. Tan sólo contemplo tu boca. Tu silueta… Invita a envolverte en un abrazo y perderse en ella. Conozco esa mirada, conozco esa sonrisa. Sé lo que quieren y lo que están pidiendo pero estoy tan absorta que no puedo arrancar.

Hasta que por fin me callas con un beso, y compruebo que tus labios siguen siendo igual de deliciosos. Y tu lengua igual de caliente… Arde. ¿O es la mía? No lo sé. Ni me importa. Por fin me derramo en un ansiado abrazo. Te huelo, te siento, te fagocito. La ropa estorba, no la quiero. El frío de la seda contrasta con el calor de nuestros cuerpos. Pero a mí me da igual. Por fin te tengo aquí, sobre mí. Pero hay algo diferente…

Es tu actitud, más decidida, más líder, más libre, más plena. Incluso me hablas, me preguntas… Y vuelves a penetrarme el cerebro. Y me abandono… Me fundo contigo en un baile perfecto en el que abrazándote me dejo poseer al son de tu respiración. Definen baile como expresión vertical de un deseo horizontal; contigo siempre tuve ambas cosas… Y vuelves a hablarme, y me muero de gusto con el sonido de tu voz.

De repente soy yo quien está encima de ti. Y siento como se esboza en mi rostro una sonrisa. “Te tengo”, pienso. Eres mío. Te observo como el predador que va a comerse a su presa. La expresión que figura en tu semblante marca la salida, y entonces soy yo quien te posee a ti. Lento… Rítmico… Bajo mi mando… Pero mi ansia crece y se desborda, y una vez llevado el baile casi a su fin, necesito alimentarme de ti. Devoro tu piel centímetro a centímetro. Delicioso. El sudor del momento le añade ese sabor a sal. Y sin dejar un rincón de tu cuerpo por saborear, el tiro de gracia. Te huelo, te respiro, te bebo. Como un elixir de energía vital. Y después, descanso sobre tu abdomen. Arde… ¿O soy yo? No lo sé. Ni me importa.

Después todo a su cauce, como un engranaje perfecto, como si estos momentos estuvieran fuera del espacio-tiempo y existieran sólo en nuestro universo paralelo. Tuyo y mío, nada más. ¿Entonces? ¿Cómo llamarlo? No lo sé. Ni me importa. Ni fu, ni fa. Ni x ni ye.

 

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