ATEMPORAL

coruña noche

Turismo Coruña

Ella permanecía sentada fuera en la terraza, contemplando el mar. Dos sillas, una mesa y un cenicero era todo lo que necesitaba en ese momento. Disfrutaba de su cigarrillo cuando él cruzó la puerta y se presentó frente a ella, tan guapo como siempre, con su traje y la sensualidad de sus movimientos.

– ¿Qué tal? ¿Puedo sentarme contigo?

– Por supuesto – contestó ella, tratando de disimular cuánto le gustaba aquel chico. Desde el primer momento en que se lo presentaron en el trabajo.

– ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar dentro con todo el mundo?

Ella tenía varios frentes conflictivos abiertos en su vida personal en aquel momento. Con una triste sonrisa respondió:

– Ahora mismo lo que más me apetece es desaparecer de aquí…

– A mí también. Podríamos pasar del protocolo de la convención y salir a cenar tú y yo juntos, ¿qué te parece?

A ella se le aceleró el pulso. No podrían haberle hecho mejor proposición en aquel momento. Tratando de disimular su furor contestó:

– Me parece bien.

– Pues dime a qué hora quedamos y en qué hotel estás. Yo paso a recogerte.

¡Dios mío! ¡Qué entusiasmada estaba! Asistió a otra conferencia más y pasó el resto de la tarde duchándose y acicalándose en su habitación, eligiendo las mejores y más sexys galas que se había llevado. Las que se ven y las que no… Un vestido en gasa negro de tirantes por la rodilla, estaría bien. Y una chaqueta por si refrescaba. Blanca. Y como no, unos buenos tacones. Negros. Perfume hasta en la ropa interior por si acaso, y un maquillaje natural. Perfecto. Pero sobre todo, actitud. Porque el atractivo es cuestión de actitud.

Bajó en el ascensor mirándose de nuevo en el espejo de arriba abajo y al llegar a la planta baja cuando se abrieron las puertas, naturalidad, como si nada. Y allí estaba él. Aún más guapo y atractivo si cabe que en aquella terraza. Eso sí, esta vez había cambiado el traje por algo más informal. Pero no importaba. El campo magnético que orbitaba a su alrededor era irresistible.

Cenaron. Hablaron. Hablaron mucho. Se contaron la vida, lo bueno, lo malo, lo regular… Y se fueron a tomar algo. Siguieron hablando. Ella lo miraba estudiando la estrategia para que fuera suyo, para poseerlo en aquella noche. Porque no podía resistirse. Fruto de la casualidad, el destino, o vete tú a saber qué, se le desenganchó un tirante del vestido y tuvo que pedirle ayuda. Entonces sintió el leve roce de sus dedos sobre la espalda y notaba cómo se le erizaba la piel… y se le estremecía el cuerpo mientras él trataba de solucionar el contratiempo.

Decidió pasar a la acción, sin embargo, en algún momento de la conversación él le contaba algo sobre “su mujer”…

Ella tiró bruscamente de freno de mano. Él ya tenía a alguien y eso se respetaba. Se guardó las ganas. Se guardó el deseo. Apagó su fuego a base de ron. Y se calmó. Pero cada vez que pestañeaba, la imagen de aquel chico con el torso desnudo abrazándola se interponía entre sus pupilas y los párpados cerrados. Cada vez que miraba su boca, un ligero sabor a cereza y chocolate invadía la suya. Pero había que mantenerse al margen…

– Te acompaño a tu hotel y así damos un paseo – dijo él, pues rondaban ya las cuatro o cinco de la madrugada, y al día siguiente continuaba el programa de la convención.

– Genial, te lo agradezco – Corrección ante todo. Y agarró su brazo.

Caminaron un largo trecho; de garito en garito habían recorrido una buena distancia. Llegando al hotel ella dijo:

– Es muy tarde. Vamos a dormir muy poco y mañana toca estar allí otra vez. Puedes quedarte a dormir conmigo sin ningún problema. Tu hotel queda demasiado lejos para volver ahora.

Lo dijo con sinceridad. Con respeto. Con la intención de no hacer absolutamente nada. Convencida con certeza de que nada sucedería. Nunca. Jamás… Él pareció dubitativo unos instantes… Y respondió:

– Está bien. Sí, es muy tarde ya.

– Te dejo elegir el lado de la cama que quieras, yo me doy la media vuelta para el otro y no te molesto – Dijo sonriendo, para tratar de imprimirle a la situación toda la naturalidad posible.

Entraron en el hall, dieron las buenas noches al recepcionista y pulsaron el botón del ascensor. Ella estaba algo decepcionada por no haber podido tratar de seducir a aquel chico tremendamente atractivo en todos los aspectos, pero habían pasado una noche estupenda. Sí, eso era lo importante, se dijo. Subieron en silencio, llegaron a la habitación, ella abrió la puerta y entraron.

– Voy a cambiarme al baño, tú ponte cómodo y coge el lado que quieras.

Cuando salió, ella llevaba un pijama de dos piezas, de esos de pantalón corto y camiseta de tirantes. Él estaba de pie, junto a la cama en calzoncillos. A ella se le caía la baba de verle. Pero tuvo que disimular.

– ¿Pero qué haces así todavía?

– Qué yo también voy al baño – dijo, poniendo una mueca graciosa.

Ella se metió en la cama pensando que era una lástima no poder disfrutar de aquel ser tan místico. Él volvió a los pocos minutos, se metió en la cama y le dijo “buenas noches señorita”.

– Buenas noches – dijo ella, apagando la luz de la mesita de noche.

Sólo habían pasado un par de minutos cuando ella sintió una mano que la acariciaba…un brazo por encima del suyo…y un tórax contra su espalda… Correspondió a tales gestos convencida de que su significado eran simples muestras de cariño (pues el mensaje parecía haber quedado claro) acariciando esa mano masculina, abrazando ese brazo y acurrucando más fuerte la espalda contra aquel pecho.

De pronto, aquel cuerpo firme giró el suyo y se pusieron frente a frente. Y entonces él, besó sus labios, fuertemente y con decisión. Ella quedó alucinada, sin entender nada. De nuevo él, volvió a besarle, y ella recuperó la capacidad de respuesta, devolviéndole el beso. Bruscamente, salió del trance y preguntó:

– Pero… Pero ¿tú no habías dicho que tenías mujer?

– ¿Y tú no estás con el nuevo de la segunda planta?

Quedó atónita…

– ¿Y tú cómo sabes eso?

– Ah, porque yo me entero de todo…

– ¡Y yo toda la noche aguantándome las ganas! – Él le atrajo hacia sí besándole con fuerza, por lo que ella no pudo resistirse a la invitación.

Y se besaron, con besos largos, cálidos y húmedos; y se acariciaron, con las manos, con las bocas; y se tocaron, con los cuerpos, con las almas; y se fundieron, con un cuerpo dentro del otro, entrando en un baile rítmico que les llevó al clímax. Y así les sorprendió la mañana.

Una ducha y vuelta al trabajo. Sin dormir, había que cumplir con las obligaciones. Tras dos conferencias y la protocolaria comida, ella salió de nuevo a la terraza a fumar un cigarrillo mirando al mar. De pronto, apareció él.

– Hola ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar dentro con todo el mundo? – dijo, con aire irónico y entrecerrando los ojos.

– ¿Y tú? – Contestó ella en la misma actitud.

Él se sentó a su lado en la silla que había vacía y se encendió también un cigarrillo. Ambos se miraron largamente, se hablaban con los ojos, fijos el uno en el otro. Así acabaron sus cigarrillos. Ella se levantó grácil y salió del centro de convenciones para dirigirse a su hotel, que estaba a tan solo cinco minutos a pie. Se quitó los zapatos, se quitó la ropa y se refrescó con una ligera ducha. Cinco minutos después llamaban a la puerta de su habitación. Allí estaba él. Entró, le abrazó, le acarició, le besó. Él simplemente se limitó a decir:

– Deja que haga una llamada para cambiar la hora de mi vuelo.

Y después, retomaron aquello donde lo habían dejado esa misma mañana. Volvieron a abrazarse, besarse, acariciarse, fundirse, comerse, poseerse el uno al otro sin darse tregua para recobrar el aliento.

Aquella noche marcó algo. Algo sin principio. Sin fecha de caducidad.

Algo atemporal.

Anuncios

2 pensamientos en “ATEMPORAL

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s