La foto enterrada y otras señales

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La muerte le sorprendió con cuarenta y ocho años. Su hija sólo tenía doce. Murió delante de ella, en casa, de repente. Sus coronarias no soportaron el estrés y otras cosas. Y esa fue la última imagen que ella tuvo del él: caído en el suelo del aseo mientras se ponía las deportivas y con una gota de sangre rodando por el puente de su nariz. Nadie la llevó a despedirse de él. Nadie la llevó a que pudiera recordarlo con otra imagen. Quizá pensaron que era lo mejor.

Desde esa misma noche los sueños con su padre eran constantes y casi a diario. En ellos mantenían largas conversaciones sobre diferentes cosas. Ella pensaba que sólo eran sueños pero estaba equivocada. Una noche soñó que una carretera bajaba desde las nubes hasta el patio de casa, y por ella venía el Renault 9 M-1146-FU rojo de su padre. Él bajó del coche y le dijo a su hija que ya no volvería a venir. Y así fue.

Sin embargo, otras cosas comenzaron a suceder. A veces ella notaba una presencia en su espalda cuando pasaba por delante del aseo. Le aterrorizaba pasar por el pasillo sin encender todas las luces, pues no entendía aquellas sensaciones. Le tenía pánico a quedarse sola en casa pues entonces aquella presencia se hacía más fuerte. Si tan sólo hubiera sabido…

Ella buscaba constantemente cosas de su padre que pudieran hacerla sentir un poquito más cerca de él. Y un buen día recordó una foto. Una foto de su comunión en la que estaban su padre y ella y que había estado expuesta en casa en un marco. E ilusionada le preguntó a su madre. Sin embargo, su madre le dijo con tristeza “hija, esa foto se la puse a papá entrelazada en sus manos para que te llevara siempre cuando le enterramos”. Cabizbaja, la niña lo asumió.

No obstante, no dejaba de pensar en aquella foto, y cada vez la conseguía ver más nítida. Hasta que, al cabo del tiempo, su madre nerviosa un día le dijo “hija, ¿es esta la foto que decías?”. Y allí estaba. La foto que ella quería. Su madre la mostraba con ambas manos. “Sí, pero, ¿no dijiste que se la pusiste a papá en la tumba?” preguntó la niña desconcertada. “Sí, así fue” respondió su madre sin saber qué explicación dar. No hizo falta, su hija no la pidió.

Y ambas palidecieron.

Nota de la autora: Los que me conocen personalmente… fijaos bien en la niña de la foto.

 

 

8 pensamientos en “La foto enterrada y otras señales

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