yegua

Nunca pensé en escribirte,

pero ya no aguanto más,

eres dueño de mis noches,

pesadillas y demás.

Otra traición recibida,

otro puñal certero,

el tuyo, que no esperaba,

y si no lo cuento, muero.

Nosotros lo fuimos todo,

amigos, compañeros,

cómplices, confidentes,

el escudo y su guerrero.

Flipabas con mis colores,

los que había en mi cabeza,

y con los cambios de imagen

de aquellas noches de fiesta.

Flipabas con el motor

que dentro de mí escondía,

con sus salvajes caballos

que sólo yo conducía.

Tu mejor amigo fui,

en masculino singular,

el hombro donde apoyarte

y el Dios con quien confesar.

Que ojalá en otro tiempo

me hubieras conocido,

que yo lo tenía todo,

me decías desde tu sitio.

Cuánto de menos te eché,

al no estar, cuando te fuiste,

en las buenas, en las malas,

y en mis momentos más tristes.

Me abandonaste, mi bien,

me dejaste en la estacada,

cuando más hondo caí,

y más te necesitaba.

Yo que pensaba que tú,

nunca me traicionarías,

que al confiar en ti,

el corazón no arriesgaría.

Y hoy me doy cuenta, mi bien,

no mereces la pena, vete,

te quedó grande esta yegua,

y a mí, me faltó jinete.

 

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8 comentarios

      1. La verdad es que cuando somos capaces de mirar las cosas con perspectiva, el que debería sentir vergüenza es el que hace la traición, pero es verdad que al principio el sentimiento de humillación es brutal.
        Me encanta tu blog

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