samahin

La milenaria tradición celta, la noche que marcaba la transición entre el verano y la estación sombría, en la que con la reducción progresiva de horas de luz se festejaba el fin de la temporada de cosecha.

Hoy, nuestro extraño otoño parece devolvernos a Samhain…

Esa noche, la frontera entre los vivos y los muertos se disipaba, y los espíritus, buenos o malos, podían regresar a este mundo. Para protegerse de los malignos, se disfrazaban como ellos, tratando de pasar desapercibidos. A los primeros les hacían ofrendas y les ponían velas en las ventanas para indicarles el camino a casa.

De modo que, no te sorprendas si al despertarte en mitad de la noche te encuentras con tus seres queridos difuntos sentados alrededor del fuego del hogar. Esa noche, los muertos tienen abierta la puerta entre la vida y el más allá…

Samhain se arraiga tanto en Irlanda que es bautizada como “All Hallows Eve” o “víspera de todos los Santos”. Y de su contracción pasa a llamarse como hoy se la conoce: Halloween. Y sus calabazas…

Cuenta la leyenda que un hombre conocido como Jack el tacaño se encontró con el diablo en una taberna. Había bebido toda la noche y aun así pudo engañar al diablo ofreciéndole su alma a cambio de un último trago y de que pagara las bebidas. El diablo aceptó y se convirtió en una moneda para pagar al tabernero. Pero Jack decidió guardarse la moneda en el bolsillo junto a una cruz de plata, de forma que el diablo no pudiera liberarse hasta prometer no volver a pedir su alma en diez años. El diablo no tuvo más remedio que aceptar. Diez años más tarde Jack y el diablo se encontraron en un bosque para saldar su deuda. Como último deseo, Jack pidió al diablo que le bajase una manzana del árbol. El diablo pensó que no perdía nada y saltó a la copa del árbol, pero para entonces, Jack ya había marcado una cruz en el tronco. El diablo no pudo bajar y Jack le obligó a prometer que no volvería a pedir su alma nunca más. Y aceptó. Unos años más tarde Jack murió, pero no pudo entrar en el paraíso, pues durante toda su vida había sido una mala persona. Y cuando intentó entrar en el infierno, el diablo lo envió de vuelta por no faltar a la promesa de no volver a pedir su alma. El camino de regreso era oscuro y frío, no se veía nada. Entonces el diablo le lanzó a Jack un carbón encendido desde el mismísimo infierno para que se guiara en la oscuridad, y Jack lo puso en un nabo que había vaciado para que no se apagara con el viento. Ahora vaga sin rumbo con su linterna para toda la eternidad. Sin embargo, las calabazas son más fáciles de vaciar y por ello esa noche nos acompañan.

Tú, para mí, siempre serás Samhain, la noche que viene con viento de cambio, la noche de la quema de los deseos, del borrón y cuenta nueva, de reencuentros… Samhain, me pareces tan hermosa que quiero escribir tu nombre. Y que no te olviden.

Samhain…

 

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