Los desconocidos navideños

muerdago

Son muchos los anuncios que en estas fechas nos muestran el mensaje de que hay que regalar tiempo a los que lo necesitan, a los que están solos. Tiempo, presencia, compañía, calor de hogar, cobijo emocional. Porque ese es el mejor regalo que se les puede hacer. Incluso la mayoría de las veces nos arrancan alguna que otra lágrima. Como si el resto del año no contara para nada…

Pero lo que muchos no saben es que existe una figura que no sale en los anuncios, una figura que tiene uno de esos regalos para cada uno de los trescientos sesenta y cinco días del año, una figura en la que estos días en los que se supone todo el mundo se reúne, sufre: los desconocidos navideños.

Personas que en esos días necesitan de esa gente que está sola, de su amor, de su calor, su presencia, su compañía. Que impregnen su casa de su esencia. Situaciones en las que la necesidad se invierte. Caprichos del hipocampo, quizá. Y sin embargo, aquellos no aceptan el regalo. Sus razones se aceptan y respetan, pero estos desconocidos navideños sufren. Les duele. Más que si sus seres queridos ya no estuvieran aquí. Hablan por teléfono con ellos mientras preparan la cena pero al colgar… al colgar los ojos se humedecen. Será la cebolla.

Los desconocidos navideños existen. ¿Por qué nadie habla de ellos? Conocéis bien la necesidad invertida de la que hablo. Sé que hay más.

Sé que estáis ahí. Para todos vosotros y los demás, mis mejores deseos en el año que entra.

 

 

2 pensamientos en “Los desconocidos navideños

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