Ascensión

Perdónanos. Perdónanos a todos dulce ser de luz. Perdónanos porque todos pasábamos por allí, inmersos en nuestros pensamientos y no te vimos. Papeles desperdigados por la carretera que no llamaron nuestra atención. La de ninguno. Una deportiva negra en eso que llaman “arcén” tampoco nos alertaba. Demasiado acostumbrados ya a ciertas cosas…

Perdónanos, porque en esas dos horas y media que transcurrieron hasta que alguien acertó a verte desde un camino, quizá pudiera haberse hecho algo. O no… tu joven vida fue sesgada certeramente, prematuramente. A esas horas caminabas como cualquier otro día a la parada del autobús para ir al instituto, seguramente en el punto de inflexión entre la noche y el alba. Quizá ni te vio. O sí. Y tras el impacto el silencio absoluto. Tu verdugo siguió su camino, no paró, no se detuvo, ni tan siquiera para darte una última oportunidad.

Perdónanos si en ese tiempo que estuviste allí tirada sentiste pánico, dolor, soledad, angustia… Ojalá no tuvieras ya ningún signo vital al impactar contra el suelo.

Ojalá esto sirva para que vengan las soluciones que se llevan aclamando tanto tiempo.

Perdónanos pequeña. Vuela hacia la luz. No tengas miedo. Ya estás allí.

Descansa…

Nota de la autora: relato dedicado a la joven de 17 años atropellada hoy día 15.01.2018 en la M-117. D.E.P.

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