Vanessa y Oscar 0279

Sin ti no puedo estar. No es ansiedad ni locura. Ahora lo siento claro. Ya sé por qué lloro en tu ausencia: me encuentro perdida, confusa, incompleta. Dando vueltas de un extremo a otro sin saber dónde parar, sin hallar el punto medio. Te echo de menos. Todo, tus virtudes, tus defectos. Las manías que te definen, porque sin ellas no serías tú. Te quiero a ti. Con todo.

Y aunque quizá se quedaran atrás esos días de aventuras donde las incógnitas del mundo eran el camino que pisaban nuestros pies, no los cambio por la calidez al escuchar el motor del coche aproximarse a casa, por el chirriar de la puerta del garaje al abrirse, ni por el pulso acelerado al oír la llave en la cerradura.

Porque cuando tú estás, todo es calma, mi cuerpo descansa, mi cerebro sonríe, y una sensación de protección me arropa para que no pase frío.

Porque cuando tú estás no tengo miedo. Y si ocurriese algo, te miro y pienso “no pasa nada, estás tú”.

Por tu manera de resistir en la trinchera el bombardeo de aquella guerra.

Por tus esfuerzos, tus regalos, tus cuidados.

Por tus preocupaciones.

Por jugar en mi equipo.

Por ser objetivo incondicionalmente y no regalarme nunca los oídos.

Por todo eso, no puedo estar sin ti. No quiero.

Ni hasta que la muerte nos separe.

Sencillamente, lo que necesito eres tú.

 

Nota de la autora: relato dedicado a mi marido, Óscar, por ser como es.

 

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