sad

 

Silenciosa. Despacio. Deslizándose como una serpiente. Así viene. Pero tú no la ves. Te coge por sorpresa y se va enroscando en ti, y aprieta, aprieta… Se cuelga a tu espalda como una mochila, y los hombros duelen, y duelen… Ahoga tus ojos en un mar de tristeza, y ellos lloran, y lloran…

Se convierte en un parásito que te va chupando el alma, lentamente, poco a poco. Y no te das cuenta. Pero los demás tampoco… Y entonces pasas a ser un blanco fácil de la sociedad. Y sufres. Mucho. Tanto, que hay días que no saldrías de la cama porque lo único que quieres es que pasen las horas, los días, los años… En tu mismo escondite. Llorar es lo de menos. Lo peor es lo que sientes por dentro, y sobre todo, que los demás no te comprendan.

Porque a veces el que llora no es el más débil, sino alguien que lleva mucho tiempo sufriendo. 

O el que simplemente tiene una estructura anormal de las funciones del cerebro.

Toda esa incomprensión te arrincona tanto, te mina tanto, ¿verdad? que ya ni te molestas en explicarle a la gente. Y eso hace que salgas menos y te expongas menos. Y sin embargo, te agrava más y más.

¿Por qué nadie te ayuda? ¿Por qué nadie te entiende? No encuentras consuelo y tu luz se va consumiendo poco a poco, poco a poco… Hasta que, cansada de luchar sin nada a cambio, decides dormir para siempre en esa cama, rodeada de pastillas de colores.

Ya no hay serpiente. Ya no hay mochila. Ya no hay llanto. Ya no hay, ni siquiera, TÚ.

Silenciosa depresión… Corre, corre… que te atrapa…

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