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Poquito a poco y yo de golpe,

me enamoré de las notas de tu risa;

poquito a poco y yo de golpe,

me envolví en el encanto de tu brisa;

poquito a poco y yo de golpe,

admiré los colores de tu aura;

poquito a poco y yo de golpe,

quise abrazar tu alma tan blanca;

poquito a poco y yo de golpe,

te decía todo con melodía cortada;

poquito a poco y yo de golpe,

deseaba aquello que no llegaba.

Tú poquito a poco… Y yo de golpe…

Pero los mismos sentimientos,

qué caprichosa la vida,

se invirtieron las tornas

y ahora eres tú quien delira.

Ahora eres tú quién de golpe,

aquel día, sin dudarlo,

acercó su alma a la mía,

y despacio, sin soltarlo,

agarró mi corazón

y lo puso entre algodones,

rellenándolo de vida

y sanando sus jirones.

Qué más da quién poco a poco

y quién de golpe,

si las cosas buenas

no hay que dejar que sobren…

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