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En una casita en Rodas

nuestro guajiro creció,

entre café, grano y caña,

guarapo, fricasé y son.

Era chiquito de cuerpo,

muy grande de corazón

y el mayor de tres hermanos,

dos hembras y él el varón.

Salió el guajiro de Rodas,

se marchó cuando creció,

con su trompeta y su música

y ya nunca más volvió.

En un viaje de trabajo

el guajiro se marchó,

dejando atrás casa y padres

en busca de algo mejor.

Y al salir de allí, señores,

¿saben lo que se encontró?

una realidad distinta

de la que Cuba contó.

Salió el guajiro de Rodas,

se marchó cuando creció,

con su trompeta y su música

y ya nunca más volvió.

Los malos no eran tan malos,

los buenos no eran tan buenos,

y lo que le habían contado

él ya no podía creerlo.

¿Para qué volver a Rodas

si ya no podría salir?

Y el guajiro se hizo nómada

con su trompeta y su atril.

Salió el guajiro de Rodas,

se marchó cuando creció,

con su trompeta y su música

y ya nunca más volvió.

Salió el guajiro, salió,

y a Rodas ya no volvió,

salió el guajiro, salió,

dejando su corazón.

Salió el guajiro, salió,

y a Rodas ya no volvió,

salió el guajiro salió,

dejando su corazón.

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