Egoísmo. Negación de un rol fundamental en su desarrollo. Privación de parte de su ser. Consecuencias éticas y morales. Resultados de salud inesperados. Rumiación psicológica. Desestructuración familiar. Generaciones venideras desconocidas.

Ir a un restaurante y pedir la cena a la carta. De primero, crema de espárragos. De segundo, lenguado menier. Y de postre, tarta de manzana.

Ir a una tienda y ver un vestido color rojo, abotonado, con un bolsillo en el lado izquierdo de la pechera y cinturón atado en la cintura. Te gusta. Lo coges. Lo pagas. Te lo llevas.

Ir a comprar algo. Un capricho. Porque te aburres. Sin pensar en las consecuencias. O habiéndolo pensado, dándote igual. Algo que surgió para ayudar a aquellos que realmente lo necesitaban, que habían construido el nido necesario, se ha convertido en algo por catálogo. ¿Dónde está el límite?

En algún sitio hay que ponerlo, pues avanzar no es jugar continuamente a ser Dios…

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