Imaginad que hemos llegado al límite de recursos del planeta. Imaginad que hemos superado el ratio compatible con la supervivencia habitantes/abastecimiento. Imaginad que hemos llegado al extremo de la explotación.

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Imaginad que vosotros enfermáis de, por ejemplo, neumonía. Tenéis fiebre, tos, dificultad para respirar, baja saturación de oxígeno y os encontráis al borde de la muerte porque un microorganismo os está atacando.

Ahora imaginaos que ese ser vivo enfermo es el planeta Tierra. Quizá nosotros seamos esos microorganismos que hemos estado abusando sin escrúpulos. Se queda sin recursos, no puede respirar porque desaparecen sus pulmones verdes y sufre de fiebre por el calentamiento global.

¿Y qué hace un organismo vivo cuando enferma? Se defiende. ¿Cómo? Creando anticuerpos. Ahora imaginaos que los anticuerpos que ha fabricado la tierra es ese coronavirus, que causa la covid-19, para intentar frenar la infección humana.

Nada descabellado si echamos la vista atrás en la historia, y vemos que a lo largo de la misma ha habido varias pandemias inusuales pero recurrentes. La “gripe española” de 1918 acabó con la vida de 50 millones de personas. La “asiática” de 1957, sesgó entre 1 y 2 millones de vidas. La de “Hong Kong” de 1968, acabó con 700.000 fallecidos.

Esperemos que entre todos podamos ayudar a Pangea, y esto sirva como medida de reflexión. Porque esta historia podría tener sentido, ¿no creéis? Selección natural, lo llaman.

Psicosis. Alto, no puede pasar, las fronteras están cerradas. Tengo que salir, aquí está todo el mundo confinado en sus casas, tengo que marcharme. Lo siento señor, no puede salir, es necesario que vuelva a su casa. El hombre, haciendo caso omiso, salta el precinto de seguridad y echa a correr. El militar le da el alto y hace un disparo al aire. Pero el hombre, presa del pánico y de la psicosis que ha generado la sociedad, sobre todo las personas que no hacen por entender las cosas y hablan sin saber, sigue corriendo. El militar vuelve a darle el alto y advierte con disparar. El hombre ya no escucha. De repente, siente como una pedrada ardiendo en su muslo, y algo caliente que le chorrea. Cae al suelo pero se vuelve a levantar y echa a correr como puede. Esta vez la bala le impacta a nivel de C7. Se desploma y la sangre empieza brotar del final de su cuello.

No se puede permitir que el virus se propague. Esa bala también fue selección natural…

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