A traición y por sorpresa

con el timbre de tu voz,

toda mi piel enmarañas

sin censura y sin temor.

Son mis dedos, aturdidos,

los que acarician ansiosos

mi nuca de pelo corto,

pensando que lo hacen otros.

Otros, los tuyos, hambrientos,

que como un terciopelo

van recorriendo mi espalda

alimentando mi anhelo.

Anhelo de noche negra,

de algas y de cristal,

de manto de estrellas plata

como tus besos de sal.

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