Poquito a poco y yo de golpe

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Poquito a poco y yo de golpe,

me enamoré de las notas de tu risa;

poquito a poco y yo de golpe,

me envolví en el encanto de tu brisa;

poquito a poco y yo de golpe,

admiré los colores de tu aura;

poquito a poco y yo de golpe,

quise abrazar tu alma tan blanca;

poquito a poco y yo de golpe,

te decía todo con melodía cortada;

poquito a poco y yo de golpe,

deseaba aquello que no llegaba.

Tú poquito a poco… Y yo de golpe…

Pero los mismos sentimientos,

qué caprichosa la vida,

se invirtieron las tornas

y ahora eres tú quien delira.

Ahora eres tú quién de golpe,

aquel día, sin dudarlo,

acercó su alma a la mía,

y despacio, sin soltarlo,

agarró mi corazón

y lo puso entre algodones,

rellenándolo de vida

y sanando sus jirones.

Qué más da quién poco a poco

y quién de golpe,

si las cosas buenas

no hay que dejar que sobren…

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Recaída

Y allí la tenía otra vez de frente, cara a cara. Yo pensaba que aquellas viejas heridas habían cerrado, pero no; comenzaron a sangrar. Parece mentira cómo, aunque pase el tiempo, hay cicatrices que tardan en difuminarse. Y algunas, puede que no se borren nunca.

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Y entonces me di cuenta de que aquel dolor que estaba sintiendo no era por mí; me daba igual, me era indiferente, ya no me afectaba. Aquella punzada que estaba experimentando, formada por una mezcla de dolor, ira, tristeza y rabia, era por alguien mucho más importante: él.

Él lo es todo. Mi universo. Mi pequeño gran maestro. El que me enseña todo aquello que no sé. El más noble y bondadoso de entre todos ellos. El inocente. El del corazón más grande.

Y por él soy capaz de morir. Soy capaz de matar. Así que no te acerques a su espacio vital. No se te ocurra ni tan siquiera robarle un metro cúbico de aire. Porque me debo a él y por él tomaré la justicia por mi mano si es necesario, si el entorno no se ocupa de poner las cosas en su sitio.

Así que, allí la tenía otra vez de frente, cara a cara: la hipocresía.