¿Qué vienes a buscar?

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¿Qué vienes a buscar

después de tanto tiempo

después de tantos años

y tanto sufrimiento?

¿Te piensas que sin más

puedes marcar su móvil

y yo sin importancia

voy a quedarme inmóvil?

Qué equivocada estás

pedazo inconformista

pues resulta que yo

soy más joven y lista.

Me retaste, so tonta

cuando en esa llamada

te pregunté tu nombre

y no me lo desvelabas.

Vaya tesoro perdiste,

niña tonta y caprichosa,

tratándolo cual juguete

y sintiéndote dichosa.

Relegándolo después

a un rincón, como si nada,

e invitándolo a tu boda

con quien contigo ya estaba.

Así que pequeña ilusa

¿Qué vienes a buscar

con tu marido, tus tres hijos,

y tu forma de llamar?

¿Te crees que por ser euskal

eres mejor y más chula?

Pues “pa” chula yo, bonita,

yo el corcel y tú la mula.

Así que, vulgar lagarta,

déjate de llamaditas,

ni le dirijas la palabra,

ni la hora, ni buenos días.

Y si arrepentida estás

de la elección que hiciste

te jodes, así sin más,

que oportunidad tuviste.

¿Cena de Navidad?

No me tomes por boba,

que ni toda zorra es de campo

ni toda bruja lleva escoba.

 

 

 

El Páramo

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Queridos lectores, me causa mucha ilusión contaros que hoy he firmado el contrato con la editorial con la que autopublicaré mi primera novela: El Páramo.

De la mano de Editorial Mundopalabras espero poder recorrer este camino contando con quien me levante si me caigo (que me caeré) y que vosotros me acompañéis en ello.

Como podéis ver, he insertado una página nueva en el blog que lleva por nombre el título de la obra y que estará dedicada a ella una vez esté disponible.

Hasta entonces, prefiero no desvelar nada para no quitarle… misterio… Pero os aseguro que no os dejará indiferente…

Maldito beso

pekinesAquella casa lúgubre y triste no albergaba amor ninguno. Las escaleras que conducían desde el portal hasta la puerta del patio eran frías y el corto camino muy oscuro. La puerta del patio chirriaba de una forma peculiar, siempre la misma. Cuando se abría, la madera crujía y daba paso a un patio interior, donde una de las paredes parecía ser la parte de atrás de alguna nave abandonada, con dos cristales siempre rotos. El olor a orín felino saturaba la atmósfera. Dos gatos negros a ratos a la gresca, a ratos compartiendo descanso en un tejadillo del hueco de la escalera donde los trastos se amontonaban. Dieciséis escalones hasta la puerta de la casa. Y su amigo peludo esperándola arriba del todo.

Siempre escuchando las mismas historias, una y otra vez. Y su lógica infantil le impedía entender ciertas cosas, y le ponía soluciones muy fáciles a la vida. La vida que ella veía cincuenta años después a través de sus ojos de niña.

-Pero, si no le querías, ¿por qué te casaste con él?

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Abrázame fuerte

Me rompo. Tengo el cuerpo agrietado y los surcos son tan profundos como el dolor que hay en  mi corazón._20170928_183143

Me rompo. Mi piel ha adquirido el color de la sangre y mi sangre el sabor de la bilis que trago.

Me rompo. Insistís en abrir la herida una y otra vez. Los mismos de siempre.

Me rompo. Olvidáis que en la batalla ambos bandos tienen balas. Y monte, y cunetas mezclados por igual.

Me rompo. Medís con diferente rasero. Destruís lo de unos y alabáis lo de otros. Olvidáis que en este caso ha de ser para todos o ninguno.

Una herida abierta, profunda, con los bordes cada vez más separados.

Divide y vencerás. Une y serás grande.

Por eso, abrázame fuerte.

Abrázame fuerte, pues soy quien te vio nacer, crecer y te acompañó en tu existencia.

Abrázame fuerte, pues soy el escenario que te acompaña cada día, tu fuente de sustento y el sustrato donde echa raíces tu familia.

Abrázame fuerte, pues soy vuestra madre común. Una madre que os da todo por nada.

Una madre que sufre viendo a sus hijos desgarrarla.

Abrázame fuerte para que vuelva a ser grande, nunca sea yerma y el dolor calle.

Abrázame fuerte para que brote. Florezca. Brille.

Abrázame fuerte para que pueda abrazarte a ti también.

Sólo eso. Tan sólo que me abraces fuerte.

Con cariño, tu madre patria.

ESPAÑA

 

 

Amanecer

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Supongo lo que debió sentir aquel hombre llamado Juan al frente de su tripulación española cuando avistó Zamá allá por el año 1518. Una fortaleza imponente bañada por el mar Caribe en uno de sus lados. Tanto fue así, que no se atrevió a acercarse a la barrera de coral. Una de las principales ciudades mayas durante los siglos XIII y XIV por su explotación de recursos marítimos e intercambio comercial. Sin embargo, aunque avistada en aquel momento de la historia, el origen de sus construcciones se remontaba a los años 1200-1500 a.C.

La más imponente, el Castillo, desafiante sobre el acantilado a 12 metros de altura sobre el mar.
Unas mil personas habitaban aquella hermosa y perfectamente estructurada ciudad, realizando sus actividades cotidianas en armoniosa convivencia. Dedicada al planeta Venus, la ciudad tenía una deidad dual: lucero de la mañana y estrella del ocaso. Hermoso, ¿verdad?. Un entramado de verde y piedra, de fuego y noche, de sol y agua. De selva. Tenía el nombre idóneo: Zamá, que significa amanecer. Idóneo en varios sentidos: el alba. La prosperidad. No imaginaban que llegaría el día en que su nombre ya no significaría nada… Sigue leyendo