Me rindo

Me rindo. Quisiera tener tus alas para batirme en el aire y de un sólo golpe de viento derribar todo aquello que se interpone en mi camino.

Me rindo. Quisiera tener tus ojos para, con su brillo fulgurante, cegar a todo aquel que ose cruzar su mirada con la mía.

Me rindo. Quisiera tener tus manos para, con un soplido, crear entre ellas un torbellino de polvo dorado que materialice mis deseos.

Me rindo. Quisiera tener tu cetro para, haciéndolo sonar contra el suelo, crear relámpagos y nubes de tormenta que ahuyenten mis miedos.

Me rindo. Quisiera tener tus ropas para enaltecer mi figura y así, magnificar mi presencia para que todos inclinen la cabeza a mi paso.

Me rindo. Pero sólo hasta que vuelva a levantarme…

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Recaída

Y allí la tenía otra vez de frente, cara a cara. Yo pensaba que aquellas viejas heridas habían cerrado, pero no; comenzaron a sangrar. Parece mentira cómo, aunque pase el tiempo, hay cicatrices que tardan en difuminarse. Y algunas, puede que no se borren nunca.

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Y entonces me di cuenta de que aquel dolor que estaba sintiendo no era por mí; me daba igual, me era indiferente, ya no me afectaba. Aquella punzada que estaba experimentando, formada por una mezcla de dolor, ira, tristeza y rabia, era por alguien mucho más importante: él.

Él lo es todo. Mi universo. Mi pequeño gran maestro. El que me enseña todo aquello que no sé. El más noble y bondadoso de entre todos ellos. El inocente. El del corazón más grande.

Y por él soy capaz de morir. Soy capaz de matar. Así que no te acerques a su espacio vital. No se te ocurra ni tan siquiera robarle un metro cúbico de aire. Porque me debo a él y por él tomaré la justicia por mi mano si es necesario, si el entorno no se ocupa de poner las cosas en su sitio.

Así que, allí la tenía otra vez de frente, cara a cara: la hipocresía.

Yo soy de piel

La lluvia al fin.

La que limpia mis heridas.

La que baña mi cuerpo

y rellena las grietas producidas

por su ausencia prolongada.

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La lluvia al fin.

La que repone de lágrimas

ese saco vacío,

para ser derramadas de nuevo

cuando falte.

Porque yo soy de piel,

y si no hay lluvia

me marchito,

al tratar de subsistir

regando con mi propia

mezcla de agua y sal.

Porque yo soy de piel,

y me oriento hacia la lluvia

sea donde fuere

que caiga.

Es mi naturaleza.

Porque yo soy de piel.

Bendición en Nochebuena

En esta noche tan especial, quisiera compartir con vosotros la bendición que nos entregaron ayer domingo en mi Parroquia, para que hoy cada uno la leyéramos reunidos en la mesa. Con mis mejores deseos, espero que os guste.

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«Bendice, Señor, nuestra mesa. Bendice la fraternidad que hay entre nosotros. Danos alegría, paz, salud, pan… durante toda nuestra vida. Danos fuerza y ternura para ser hombres y mujeres justos donde haya muchos buenos días y muchas noches-buenas.

Queremos decirte una vez más. Señor, que creemos en ti desde nuestro corazón de niños, que creemos en ti desde nuestra fe de adultos. Aumenta nuestra Fe.

Actúa en medio de nosotros para que vivamos tu Misericordia en la bondad, el amor, la sensibilidad, la justicia… signos reales de que nuestro corazón será el pesebre donde Tú naces una vez más.

Ayuda a los que viven tristes y sin esperanza. Recordamos a los enfermos, a los que ni tienen trabajo, ni pan, ni cariño. Nos unimos a todos los cristianos que hoy celebran tu nacimiento, a los cristianos perseguidos, a nuestra Comunidad cristiana, a nuestras familias y amigos… Recordamos a nuestros difuntos…

Que la luz de Belén nos ilumine y nos una para ser fieles y felices.

Amén».