La duda (canción)

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Dicen que donde hubo brasas

siempre quedan ascuas

y yo quiero saber si es verdad.

Si aquello pasado

que dices olvidado

ha sido sepultado por la eternidad.

La tierra era buena

el trigo crecía

y de pronto un día

todo se quebró.

La diosa de ébano

mandó un terremoto

de ardor y alboroto

y el suelo se abrió.

Dicen que donde hubo brasas

siempre quedan ascuas

y yo quiero saber si es verdad.

Si aquello pasado

que dices olvidado

ha sido sepultado por la eternidad.

Te hundiste en sus grietas

huyendo del frío

buscando el estío

y el calor de hogar.

Y sin darte cuenta

el tiempo pasaba

y las olas cantaban

a la orilla del mar.

Dicen que donde hubo brasas

siempre quedan ascuas

y yo quiero saber si es verdad.

Si aquello pasado

que dices olvidado

ha sido sepultado por la eternidad.

Y ahora me dices

que aquello es pasado

que lo has olvidado

que es sólo amistad.

Y yo me pregunto

¿por qué me lo cuentas

si no le das vueltas

y no hay más que hablar?

Dicen que donde hubo brasas

siempre quedan ascuas

y yo quiero saber si es verdad.

Si aquello pasado

que dices olvidado

ha sido sepultado por la eternidad.

La tierra se abrió, la tierra se abrió,

la diosa de ébano el temblor mandó.

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Guajiro de Rodas (canción)

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En una casita en Rodas

nuestro guajiro creció,

entre café, grano y caña,

guarapo, fricasé y son.

Era chiquito de cuerpo,

muy grande de corazón

y el mayor de tres hermanos,

dos hembras y él el varón.

Salió el guajiro de Rodas,

se marchó cuando creció,

con su trompeta y su música

y ya nunca más volvió.

En un viaje de trabajo

el guajiro se marchó,

dejando atrás casa y padres

en busca de algo mejor.

Y al salir de allí, señores,

¿saben lo que se encontró?

una realidad distinta

de la que Cuba contó.

Salió el guajiro de Rodas,

se marchó cuando creció,

con su trompeta y su música

y ya nunca más volvió.

Los malos no eran tan malos,

los buenos no eran tan buenos,

y lo que le habían contado

él ya no podía creerlo.

¿Para qué volver a Rodas

si ya no podría salir?

Y el guajiro se hizo nómada

con su trompeta y su atril.

Salió el guajiro de Rodas,

se marchó cuando creció,

con su trompeta y su música

y ya nunca más volvió.

Salió el guajiro, salió,

y a Rodas ya no volvió,

salió el guajiro, salió,

dejando su corazón.

Salió el guajiro, salió,

y a Rodas ya no volvió,

salió el guajiro salió,

dejando su corazón.

Recaída

Y allí la tenía otra vez de frente, cara a cara. Yo pensaba que aquellas viejas heridas habían cerrado, pero no; comenzaron a sangrar. Parece mentira cómo, aunque pase el tiempo, hay cicatrices que tardan en difuminarse. Y algunas, puede que no se borren nunca.

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Y entonces me di cuenta de que aquel dolor que estaba sintiendo no era por mí; me daba igual, me era indiferente, ya no me afectaba. Aquella punzada que estaba experimentando, formada por una mezcla de dolor, ira, tristeza y rabia, era por alguien mucho más importante: él.

Él lo es todo. Mi universo. Mi pequeño gran maestro. El que me enseña todo aquello que no sé. El más noble y bondadoso de entre todos ellos. El inocente. El del corazón más grande.

Y por él soy capaz de morir. Soy capaz de matar. Así que no te acerques a su espacio vital. No se te ocurra ni tan siquiera robarle un metro cúbico de aire. Porque me debo a él y por él tomaré la justicia por mi mano si es necesario, si el entorno no se ocupa de poner las cosas en su sitio.

Así que, allí la tenía otra vez de frente, cara a cara: la hipocresía.

¿Te vienes conmigo?

Se condensó el aire
y se nubló el cristal,
cuando el camino estrecho
se empezó a esbozar,
y la maleza muerta
junto al secarral
hacía de cortina
para el caminar.

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El muro de piedra
y las cruces de granito,
lucían aún más bellos
que aquel cielo infinito,
con la luna alumbrando
el sentir más bonito,
y estrellas arropando
las almas en un grito.

Y el andar se hizo galope,
y el galope se hizo amigo
de las gotas de sudor
derramándose en el trigo,
y para compartir el viaje
le dijo la flor al testigo:
«sígueme, yo me vengo,
ven, ¿te vienes conmigo?»