¿Te vienes conmigo?

Se condensó el aire
y se nubló el cristal,
cuando el camino estrecho
se empezó a esbozar,
y la maleza muerta
junto al secarral
hacía de cortina
para el caminar.

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El muro de piedra
y las cruces de granito,
lucían aún más bellos
que aquel cielo infinito,
con la luna alumbrando
el sentir más bonito,
y estrellas arropando
las almas en un grito.

Y el andar se hizo galope,
y el galope se hizo amigo
de las gotas de sudor
derramándose en el trigo,
y para compartir el viaje
le dijo la flor al testigo:
“sígueme, yo me vengo,
ven, ¿te vienes conmigo?”

Yo soy de piel

La lluvia al fin.

La que limpia mis heridas.

La que baña mi cuerpo

y rellena las grietas producidas

por su ausencia prolongada.

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La lluvia al fin.

La que repone de lágrimas

ese saco vacío,

para ser derramadas de nuevo

cuando falte.

Porque yo soy de piel,

y si no hay lluvia

me marchito,

al tratar de subsistir

regando con mi propia

mezcla de agua y sal.

Porque yo soy de piel,

y me oriento hacia la lluvia

sea donde fuere

que caiga.

Es mi naturaleza.

Porque yo soy de piel.

La sirena

Desnuda sobre la cama, había cambiado sus escamas verdes por piel suave como la seda. Piel blanca, fina y delicada, “como la de mi abuela”, decía él. Así la recordaba.

Mas era una sirena, y aun bajo su aspecto temporal de mujer debía mantenerse húmeda…

Su cabello rojo, denso y fuerte, se mantenía húmedo por el sudor que emanaba de su cuello en respuesta a los besos ávidos y calientes que él la regalaba.

Su busto, tenso y ardiente, se mantenía mojado por los paseos lentos pero firmes de la lengua contraria.

Su ombligo… Latía… Acuoso, por las manos abrasadoras y firmes que no dejaban de acariciarlo.

Y sus piernas… La parte más importante, pues era donde albergaba las escamas… Sus piernas estaban empapadas por finas gotas de placer, como una lluvia de gozo, que la hacían estremecerse en el vaivén de las olas del mar que él la ofrecía.

Y así, la sirena, se saciaba de su cuerpo terrenal antes de volver a su forma original, no sin antes rememorar la dulce miel que había probado en sus labios…

De querer estoy hecha

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Si tu mano en mi espalda

de querer estoy hecha,

si me hablas o callas

de querer estoy hecha,

si me robas un beso

de querer estoy hecha,

o te das en exceso

de querer estoy hecha,

si me sacias la sed

de querer estoy hecha,

si me atraes a tu red,

de querer estoy hecha.

Pero hazlo en silencio, en secreto, muy quedo.

Hazlo sin previo aviso, mil veces… Pero sin compromiso.

¿Y si me pongo “pa” ti?

Y si me pongo “pa” ti, ¿qué harás?

¿Me quitarás la blusa?

¿Me dejarás confusa?

¿O pensarás: “rehusa”?

Y si me pongo “pa” ti, ¿qué harás?

Yo no puedo hacer nada,

haz sonar una escala

y vamos a ver qué pasa.

Y si me pongo “pa” ti, ¿qué harás?

¿dibujarás una clave

donde un instante cabe

pero de ahí no sale?

¿Y si me pongo “pa” ti?

¿Me dirás que no?

¿Me dirás que sí?

Curioso dilema este,

no sé si ponerme “pa” ti…