Abrázame fuerte

Me rompo. Tengo el cuerpo agrietado y los surcos son tan profundos como el dolor que hay en  mi corazón._20170928_183143

Me rompo. Mi piel ha adquirido el color de la sangre y mi sangre el sabor de la bilis que trago.

Me rompo. Insistís en abrir la herida una y otra vez. Los mismos de siempre.

Me rompo. Olvidáis que en la batalla ambos bandos tienen balas. Y monte, y cunetas mezclados por igual.

Me rompo. Medís con diferente rasero. Destruís lo de unos y alabáis lo de otros. Olvidáis que en este caso ha de ser para todos o ninguno.

Una herida abierta, profunda, con los bordes cada vez más separados.

Divide y vencerás. Une y serás grande.

Por eso, abrázame fuerte.

Abrázame fuerte, pues soy quien te vio nacer, crecer y te acompañó en tu existencia.

Abrázame fuerte, pues soy el escenario que te acompaña cada día, tu fuente de sustento y el sustrato donde echa raíces tu familia.

Abrázame fuerte, pues soy vuestra madre común. Una madre que os da todo por nada.

Una madre que sufre viendo a sus hijos desgarrarla.

Abrázame fuerte para que vuelva a ser grande, nunca sea yerma y el dolor calle.

Abrázame fuerte para que brote. Florezca. Brille.

Abrázame fuerte para que pueda abrazarte a ti también.

Sólo eso. Tan sólo que me abraces fuerte.

Con cariño, tu madre patria.

ESPAÑA

 

 

La foto enterrada y otras señales

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La muerte le sorprendió con cuarenta y ocho años. Su hija sólo tenía doce. Murió delante de ella, en casa, de repente. Sus coronarias no soportaron el estrés y otras cosas. Y esa fue la última imagen que ella tuvo del él: caído en el suelo del aseo mientras se ponía las deportivas y con una gota de sangre rodando por el puente de su nariz. Nadie la llevó a despedirse de él. Nadie la llevó a que pudiera recordarlo con otra imagen. Quizá pensaron que era lo mejor.

Desde esa misma noche los sueños con su padre eran constantes y casi a diario. En ellos mantenían largas conversaciones sobre diferentes cosas. Ella pensaba que sólo eran sueños pero estaba equivocada. Sigue leyendo

Reseña de “LUNA NUEVA”

dsc_0042.jpg Como no podía ser de otra manera “Luna Nueva” es una continuación mejorada de la trama que nos presentaba su autor en la primera parte. La aparición y desarrollo de personajes nuevos va tomando cada vez más protagonismo, a la par que se van cerrando las tramas secundarias. De lectura rápida por ser amena supone una bilogía totalmente recomendable.

Tan sólo una petición que espero el autor acoja de buen agrado: tercera parte para saber qué ocurre con… bueno, no puedo decirlo pero me quedo con las ganas de saber…

Puedes ver también: Reseña de “ABRIÓ LOS OJOS”

Amanecer

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Supongo lo que debió sentir aquel hombre llamado Juan al frente de su tripulación española cuando avistó Zamá allá por el año 1518. Una fortaleza imponente bañada por el mar Caribe en uno de sus lados. Tanto fue así, que no se atrevió a acercarse a la barrera de coral. Una de las principales ciudades mayas durante los siglos XIII y XIV por su explotación de recursos marítimos e intercambio comercial. Sin embargo, aunque avistada en aquel momento de la historia, el origen de sus construcciones se remontaba a los años 1200-1500 a.C.

La más imponente, el Castillo, desafiante sobre el acantilado a 12 metros de altura sobre el mar.
Unas mil personas habitaban aquella hermosa y perfectamente estructurada ciudad, realizando sus actividades cotidianas en armoniosa convivencia. Dedicada al planeta Venus, la ciudad tenía una deidad dual: lucero de la mañana y estrella del ocaso. Hermoso, ¿verdad?. Un entramado de verde y piedra, de fuego y noche, de sol y agua. De selva. Tenía el nombre idóneo: Zamá, que significa amanecer. Idóneo en varios sentidos: el alba. La prosperidad. No imaginaban que llegaría el día en que su nombre ya no significaría nada… Sigue leyendo

SAKKARA

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Caminaba por la dársena número doce directo al puesto 2; tras una larga y atareada semana y unas cinco horas de coche, al fin había llegado su momento. Aquel en el que se sentía él mismo. Nada más poner un pie en su barco, él se transformaba. No le importaba si era invierno o verano, si hacía viento o no, pues su habilidad en navegación le había permitido repostar combustible en el mes de octubre y no tener que hacerlo de nuevo hasta el agosto siguiente: tenía el don de utilizar las velas a su antojo. La más pequeña, curiosamente llamada la Mayor. Sigue leyendo