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La historia de Mario

BELA

Creo que he descubierto un nuevo género literario. O quizá debería decir “fotoliterario”. O “literatofotográfico”. No sé muy bien qué nombre ponerle. El caso es que es un concepto nuevo que nunca antes había visto. Ni leído. Un nuevo tipo de arte quizá. Se trata de la historia de Mario.

Os diré que Mario tiene una cámara fotográfica. Pero Mario con su cámara no hace fotos; capta almas. Capta almas como nadie sabe hacerlo, a través de las miradas de sus modelos, a través de sus gestos, sus poses… Nada físico ni material, tan sólo almas.

Y Mario también tiene una pluma. Pero Mario con su pluma no escribe historias; traslada emociones. Las hace tangibles para que el resto de los mortales podamos verlas, sentirlas, tocarlas. Las emociones que en cada momento sus modelos le expresan. Nada circunscrito a lo finito de las palabras, tan sólo emociones sin barreras.

Y eso que los modelos de Mario, no saben hablar. “Inmortalizador” de almas y “materializador” de emociones. Qué trabajo más bello el de Mario. Y es que para esto, no vale cualquiera…

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Por Mario del Castillo

 

Ni fu ni fa, ni x ni ye

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Como un buen vino con los años. Tu boca sigue siendo perfecta, trazada con tiralíneas. El timbre de tu voz me penetra el cerebro e invade toda mi materia gris. Me absorbe… Recoge toda mi atención en tu aquí y en tu ahora. Te oigo pero no te escucho. Tan sólo contemplo tu boca. Tu silueta… Invita a envolverte en un abrazo y perderse en ella. Conozco esa mirada, conozco esa sonrisa. Sé lo que quieren y lo que están pidiendo pero estoy tan absorta que no puedo arrancar.

Hasta que por fin me callas con un beso, y compruebo que tus labios siguen siendo igual de deliciosos. Y tu lengua igual de caliente… Arde. ¿O es la mía? No lo sé. Ni me importa. Por fin me derramo en un ansiado abrazo. Te huelo, te siento, te fagocito. La ropa estorba, no la quiero. El frío de la seda contrasta con el calor de nuestros cuerpos. Pero a mí me da igual. Por fin te tengo aquí, sobre mí. Pero hay algo diferente… Leer más → Ni fu ni fa, ni x ni ye

Mi luna y mi sol

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No me crees, ¿verdad? No te crees nada de lo que me propongo. Mi condición condiciona. Me precede en todo lo que hago, digo y pienso. Me estigmatiza. Me estereotipa. Me resta credibilidad. Antes de tan siquiera poner nada en práctica. Pero lo entiendo. Claro que lo entiendo. Demasiado ensayo y error. Demasiado caerse y volverse a levantar. Quizá sería mejor no levantarse más… No, aún no. Quizá todavía estoy a tiempo. Pero es muy difícil porque si estoy en el valle, malo. Y si estoy en la cima, peor. Aunque a mí en la cima es donde más me gusta estar. Siempre he estado allí, no sé estar en otro sitio. Aquí abajo estoy incómoda, me siento extraña, no es mi hábitat. Y en medio tampoco es que me emocione demasiado estar. Más bien es aburrido. A mí me gusta (sonrío) subir a lo alto de la montaña donde todo lo huelo, todo lo veo, todo lo siento y todo lo escucho. Donde puedo ver la luna sin nadie que se interponga. Donde me siento grande, indestructible, sobrenatural. Donde sé que puedo hacer todo lo que me proponga. Donde sé que puedo cumplir todos mis sueños. Donde soy especial. Hasta que Leer más → Mi luna y mi sol

MARIPILI

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Hoy quiero hacer una reseña a este libro, algo que debería haber hecho hace tiempo. Lo descubrí en un curso sobre Comunicación y Liderazgo Femenino que impartía su autora, Carmen García Ribas. De esto hace ya unos años y recuerdo que tras el curso tardé muy poco en comprar el libro. Las cosas de las que hablaba Leer más → MARIPILI

Mi primera vez contigo

Recuerdo no haberme fijado demasiado en ti la primera vez que nos vimos. Aquel día que fuimos juntos a unas jornadas científicas en el Centro de Transfusión. De hecho ibas algo sucio y desaliñado. Pero curioseando tu interior disimuladamente me pareció ver… lo que realmente eras. Y entonces se me erizó el vello de la espalda. ¿Estaba esto ocurriendo de verdad? De pronto sonó el teléfono; “es ella”, pensé yo, pues pude leer su nombre en letras naranjas. No obstante, hiciste caso omiso a la llamada. “Buena señal”, volví a pensar. Y juntos dejamos transcurrir aquel día como si nada. Sin embargo, el deseo ya se había apoderado de mí. Deseo de tenerte. Poseerte. Cada vez que te contemplaba, imponente, potente. Cada vez que pensaba en ti y al mirar por el espejo retrovisor ahí estabas. El corazón me latía tan fuerte que a veces sentía que se salía de la caja torácica. Y entonces sin quererlo, pero con toda mi pretensión, hice todo lo que sutilmente pude para que fueras mío. Aunque sólo una vez fuera. Pero tenía que hacer mi sueño realidad. Y de pronto, en el momento más inesperado, te tuve. Fue un acoplamiento perfecto en el que me enamoré del tacto y el olor de tu piel, de tu potencia, de tu manera de moverte. Eras como una prolongación de mi cuerpo y nos comportábamos como si fuéramos sólo uno. El disfrute era tan orgásmico que nos poníamos a ciento sesenta sin darnos cuenta. Me anulabas la voluntad. Hasta el “momento después” se disfrutaba. Todo se disfrutaba. Y lo que yo pensé que ocurriría una única vez, ocurrió dos, diez… cientos. Y todas y cada una de ellas eran tan adictivas como la primera vez.

Tus asientos de cuero, tus ciento sesenta y tres caballos y tus llantas de perfil bajo me hacían vibrar como pocas cosas en este mundo. Por eso, nunca olvidaré mi primera vez contigo. Mi primera vez que fueron tantas…

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