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Me dueles

 

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Dueles. Como una hoja curva y fría haciéndote una trayectoria con un ángulo de noventa grados en las entrañas. Tal cual. Es la mejor expresión que lo define.

Y pasa el tiempo y no puedo olvidarlo. Dicen los expertos que cuando te sucede un hecho así, tardas unos dos años en sobreponerte. Pues el tiempo se ha hecho mayor y a mí me sigue doliendo igual. Me brotan las lágrimas de los ojos cuando hablo sobre ello.

Era mi pasión, mi alimento, mi dopaje, mi droga de la que nunca, nunca me desintoxicaré, jamás. Porque en aquel mundo, ser grande me hacía dar cada vez más. Leer más → Me dueles

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Cuatro cosas que añoro cuando no estás

abrazo Una: Tus labios pegados a los míos. Dependencia en grado máximo. Sellados. Inseparables. Con ese sabor metálico extraño que tanto me gusta. Me gusta porque me recuerda la primera vez que nuestras bocas se juntaron.

Dos: Tus abrazos. Esos tan fuertes que en ocasiones no me dejan apenas respirar. Esos que no me sueltan, como la mordida de un perro de presa. Y aunque a veces me constriñen las costillas y el aire no tiene espacio para llegar a su destino, me gustan. Me gustan porque me recuerdan la primera vez que nuestros cuerpos se abrazaron.

Tres: Tu lengua… Tan suave, suave como pocas he probado, y a la temperatura perfecta. Lengua que me embelesa y me atonta, y me arrebata parte de mi control sobre todas las cosas. Pero mal que me pese no tener el control absoluto, me gusta. Me gusta porque me recuerda la primera vez que nuestras lenguas se engarzaron y formaron una joya perfecta.

Cuatro: La que más duele, la que más necesito, la que más me derrumba, la que más me alimenta, la que más me apacigua, la que me despoja de mi coraza, la que me rompe en dos, la que me desnuda por completo: Tu inmenso cariño en forma de atenciones cuando entramos en nuestro universo paralelo… Y me gusta porque no me recuerda, me hace SENTIR…

Rata de dos patas

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Sí, tal y como dice la canción bien podría definírsete así. Porque lo que has hecho conmigo no tiene nombre.

Yo que te enseñé todo lo que sabes y te cobijé bajo mis alas en aquel nido de víboras… Porque no tenías ni idea de dónde te metías, pequeña. Te protegí, te cubrí mil y una veces. Y mira lo que me has hecho.

Animal rastrero, maldita sabandija, cuánto daño me has hecho.

Te enseñé a redactar, te enseñé a hablar, te enseñé modales, porque aunque tu fondo era lindo y puro tu forma era repulsivamente barriobajera. Y en aquel trabajo no se podía ser así.

Maldita sanguijuela, maldita cucaracha, cuánto daño me has hecho.

Te abrí las puertas de mi casa. Y fuimos como hermanas además de compañeras. Pero tus ramalazos de soberbia no aceptaban las correcciones, y te gustase o no, tú estabas a mi cargo y mi obligación era enseñarte. Te falta humildad, mucha humildad.

Recuerdo cuando compartíamos café y cigarrillo a primerísima hora de la mañana, y aún lloro. De dolor. Porque jamás me pude imaginar lo que hiciste cuando caí enferma. Leer más → Rata de dos patas

La ilusión que no dominas

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“Aquella mujer de hoyuelos marcados y alma de chica, pensaba, mientras se arreglaba, que hoy acudiría al mismo sitio donde tan sólo unas semanas atrás la timidez y el atrevimiento se fundieron en un equilibrio perfecto. Aquel universo paralelo ubicado en un espacio entre dos coches. Y aunque sabía que era imposible, albergaba, contra su propia voluntad, la esperanza de encontrarle allí de nuevo…”  

LA LEYENDA DE MELANIE RAVENSWOOD

Nunca jamás he montado en ninguna atracción de miedo, tipo pasaje del terror y cosas por el estilo. La cantidad de adrenalina que es capaz de secretar mi cuerpo y la rapidez con la que mi corazón es capaz de bombearla por todo el organismo, me hacen creer que literalmente me puedo morir de un susto. Pero aquella casa era distinta, tenía algo diferente. DSC02402

Yo la contemplaba desde lejos y una sutil fuerza gravitatoria me atraía hacia ella. Incluso podía escuchar un leve susurro que me decía “ven…”, en voz de mujer. Aquello no podía ser la habitual atracción de la casa encantada sin más. Si no yo, hubiera salido corriendo. Y sin embargo, no podía dejar de contemplar aquella casa fantasmagórica que me parecía hermosa, bella. Mientras guardaba la fila de gente para entrar, una información de repente se introdujo sin llamar en mi base de datos cerebral: una historia real se escondía detrás de aquella atracción situada en aquel parque temático. ¿Qué sería? Al fin la fila avanzó y entré. Miraba el techo, las paredes… Me sentía como en casa. Extraña sensación. ¿Por qué me sentía así? Decidí no pensar, sólo sentir y por fin se apagaron las luces. Entonces mi boca sonrió y dijo muy quedo: “ya están aquí”. Cambiamos de sala y algo me llamó poderosamente la atención:DSC02397

Era un cuadro de una novia, hermosa, con un bello vestido de época y un ramo de flores en la mano. Pero cuando me acerqué, no sentí su alegría. Sentí su dolor, su pena, su tristeza e incluso un pequeño punto de locura. Pobre novia, con su alma allí atrapada sin poder pasar al otro lado y descansar. ¿Quién era aquella hermosa mujer cuya alma vagaba vestida de novia, con el traje hecho harapos y las flores ya marchitas? Leer más → LA LEYENDA DE MELANIE RAVENSWOOD