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Juegos de niños, retos de padres

Sobre cómo extrapolamos el aprendizaje de los niños a la competitividad entre los padres. Este tema es el que trata el siguiente fragmento de «Monólogos de un bipolar». Para reflexionar o debatir a vuestro gusto.

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«Bien… No sé si todos ustedes lectores tienen hijos, pero si la respuesta es no, seguro que conocen a alguien cercano que los tenga, y para muestra un botón. Es bastante habitual en las edades más tempranas del ciclo escolar, la realización de festivales en los que los chavales se sienten partícipes de algo común (recordemos a Maslow y su pirámide de necesidades básicas), y además gozan de sus 15 minutos de fama siendo ésta un tipo de actividad super especial para ellos. Y obviamente, para ellos es extremadamente importante que su mamá o su papá, o mejor aún los dos (eso ya es la repanocha) estén ese día con ellos, les vistan (habitualmente van disfrazados), y como no, disfruten viendo cómo su mayor tesoro es el rey de la fiesta ese día. Pues bien… Aún me encuentro niños que en días como esos ni papá, ni mamá… Y la justificación siempre es la misma: “es que tengo trabajo”… Hombre, si sabes desde el inicio de curso cuándo va a ser el festival de tu hijo, pues déjate algún día libre para entonces, ¿no?. Porque, ¿somos realmente conscientes de lo que marcan esas cosas a los niños?… Si ya lo digo yo, que esto de la conciliación entre la vida familiar y laboral no existe, y que lo de las madres trabajadoras es una moto que nos han vendido. Porque al final trabajamos fuera de casa y dentro. Y más. Y nos perdemos cosas.

Volviendo al tema… Lo más apoteósico viene cuando en el cole mandan actividades para que los niños hagan en casa con los papás (y sí, digo “papás” para referirme al conjunto de papás y mamás, ¿vale?), que además suelen ser manualidades bastante divertidas. Y la clave del asunto está en “hacer CON los papás”… Es decir, el objetivo de esto es que los niños con sus padres hagan cosas JUNTOS, aunque no se consigan obras de arte (no es lo que se pretende), y sin embargo lo que ocurre es que estas actividades para hacer con los niños se convierten en auténticas competiciones de los padres, a ver quién hace el mejor muñeco de nieve, o la mejor estrella de goma eva, o el mejor mural de castillos… Y claro, ¿al final qué pasa?, que son los padres los que se enzarzan en un alarde de pretecnología… “bufff!… Mira qué bandera ha llevado fulanita… Pues nosotros la vamos a hacer más grande y mejor”… Y cosas así. Y al final, el niño no participa de su actividad, y se queda sin el hecho de haber pasado un buen rato realizando la actividad con sus papis… Y eso pasa factura…

Que luego nos quejamos de la sociedad, de que si los valores ya no son los mismos, que si cualquier tiempo pasado fue mejor… ¿Nos estamos dando cuenta de qué valores estamos transmitiendo nosotros a nuestros hijos? ¿De si fomentamos el apego? ¿El respeto? ¿La compasión? Ahí lo dejo…»

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Navidad, Navidad, agridulce Navidad

Aprovechando estas fechas, aquí os dejo otro fragmento de Monólogos de un bipolar para remover un poquito las almas…

NAVIDAD, NAVIDAD, AGRIDULCE NAVIDAD.

¿Cómo es posible que unas fechas tan entrañables (o al menos eso es lo que nos venden por la tele) puedan llegar a ser fuente de ansiedad y dolor? Porque se ha perdido la esencia, el origen, y sobre todo, la verdad. Algo que tendría que ser manantial constante de alegría, va y se convierte en una gota de limón en los ojos… Toda la felicidad y la magia que sentías cuando eras niño, de repente… desaparece… se esfuma… Y empieza a ser un follón organizarse para ver con qué familia o en qué casa se pasa tal o cual cena… Y empiezan las discusiones familiares, y los “tira y afloja”. Por si eso fuera poco, sin saber por qué razón en esos días te acuerdas con más intensidad de quien ya no está… De los buenos momentos que pasasteis juntos, de cuantísimo le echas de menos… Y ves su hueco en la mesa… Y por si no estuvieras ya bastante tocado, además también añoras con fuerzas a los que sí están… pero ya no vienen… Y te acuerdas de cómo os reuníais cuando niño y qué ilusión te hacía… Era tan especial… Y aunque empiezas a ser consciente de que hay ciertas cosas que ya no volverán te pongas como te pongas, no puedes quitártelo de la puñetera cabeza… Es como si tu cerebro tuviera vida propia, ajeno a tu voluntad, y lo controlase todo… tu mente, tus emociones…

Pero te quedan los niños, ¡sí!, los niños, aquellos por los que brota otra vez la ilusión en tu alma. Y te sientes feliz por un instante. Sin embargo, algo ronda sobre todo esto: ¿qué estamos haciendo con los niños? ¿Les estamos enseñando realmente qué son estas fiestas? ¿Qué implican? ¿Y valores? ¿Les estamos enseñando valores? Las incoherencias, ¡ah, las incoherencias!, potente arma de destrucción masiva; vamos a ver: ¿es que no les parece absurdo que gente que no crea en todo esto celebre la Navidad? Porque así estamos transmitiendo incoherencia. No estamos enseñando a ser coherentes y consecuentes, no, no, todo lo contrario. Y si eso es lo que sembramos, eso es lo que recogemos después en la sociedad. Prohíbo los belenes pero el 25 de diciembre sigue siendo festivo nacional… Pues no tiene sentido, mire usted. Al igual que no tiene sentido la guardia imperial de Darth Vader en una cabalgata de Reyes Magos. Ni Bob Esponja, ni Frozen. Ni reinas magas. Porque no, mire usted, las tradiciones NO evolucionan, por eso son tradiciones. Y en lugar de todo eso debería haber pastorcillos, zambombas, camellos… Y al que no le guste, que no mire.

Me gusta tu perfume

Me gusta tu perfume. Siempre me ha gustado.

Desde aquella noche con pimientos de padrón en la que acabaste a mi lado en la cama,

donde el respeto se rindió a las ganas.

Y la tarde siguiente.

Y aquella noche que sucedió a un puente aéreo, aquella en la que una habitación quedó vacía.

Esa en la que el agua, las burbujas y el vapor fueron nuestras sábanas.

Y la mañana siguiente.

Y muchas otras noches. De confidencias, de secretos, de acuerdos.

Noches que se hacen día en el asiento de atrás.

Y conversaciones telefónicas, muchas, donde no puedo verte pero sí oler tu perfume.

Y encuentros. Esos en los que no nos podemos tocar. Pero puedo olerte.

Desde entonces, siempre y cada vez que vienes, lo impregnas todo con tu perfume.

Luego te vas, pero el perfume se queda. Y me transporta.

A tu piel, al calor de tu cuerpo, a tu mano en mi cintura.

A eso que sólo tú y yo tenemos.

Y me gusta tu perfume. Siempre me ha gustado…

De la manía de que crezcan los niños

Cuántas veces hemos oído que se le dice a los niños «tal cosa es de bebés» si hacen algo que consideramos «malo», o «lo has hecho como un mayor» cuando hacen algo de forma a nuestro parecer «correcta». Pero, ¿realmente estamos ayudando con esa actitud? ¿O les estamos impidiendo comportarse como deberían? ¿Les estamos poniendo trabas?

Aquí os dejo otro Leer más → De la manía de que crezcan los niños