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Diferencia entre gustar y amar en dos líneas

¿Cuál es la diferencia entre «me gustas» y «te amo»? De esta forma tan bella contestó Buda:

«Cuando te gusta una flor, la arrancas. Cuando amas una flor, la riegas todos los días. Aquel que entiende esto, entiende la vida.»

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Navidad, Navidad, agridulce Navidad

Aprovechando estas fechas, aquí os dejo otro fragmento de Monólogos de un bipolar para remover un poquito las almas…

NAVIDAD, NAVIDAD, AGRIDULCE NAVIDAD.

¿Cómo es posible que unas fechas tan entrañables (o al menos eso es lo que nos venden por la tele) puedan llegar a ser fuente de ansiedad y dolor? Porque se ha perdido la esencia, el origen, y sobre todo, la verdad. Algo que tendría que ser manantial constante de alegría, va y se convierte en una gota de limón en los ojos… Toda la felicidad y la magia que sentías cuando eras niño, de repente… desaparece… se esfuma… Y empieza a ser un follón organizarse para ver con qué familia o en qué casa se pasa tal o cual cena… Y empiezan las discusiones familiares, y los “tira y afloja”. Por si eso fuera poco, sin saber por qué razón en esos días te acuerdas con más intensidad de quien ya no está… De los buenos momentos que pasasteis juntos, de cuantísimo le echas de menos… Y ves su hueco en la mesa… Y por si no estuvieras ya bastante tocado, además también añoras con fuerzas a los que sí están… pero ya no vienen… Y te acuerdas de cómo os reuníais cuando niño y qué ilusión te hacía… Era tan especial… Y aunque empiezas a ser consciente de que hay ciertas cosas que ya no volverán te pongas como te pongas, no puedes quitártelo de la puñetera cabeza… Es como si tu cerebro tuviera vida propia, ajeno a tu voluntad, y lo controlase todo… tu mente, tus emociones…

Pero te quedan los niños, ¡sí!, los niños, aquellos por los que brota otra vez la ilusión en tu alma. Y te sientes feliz por un instante. Sin embargo, algo ronda sobre todo esto: ¿qué estamos haciendo con los niños? ¿Les estamos enseñando realmente qué son estas fiestas? ¿Qué implican? ¿Y valores? ¿Les estamos enseñando valores? Las incoherencias, ¡ah, las incoherencias!, potente arma de destrucción masiva; vamos a ver: ¿es que no les parece absurdo que gente que no crea en todo esto celebre la Navidad? Porque así estamos transmitiendo incoherencia. No estamos enseñando a ser coherentes y consecuentes, no, no, todo lo contrario. Y si eso es lo que sembramos, eso es lo que recogemos después en la sociedad. Prohíbo los belenes pero el 25 de diciembre sigue siendo festivo nacional… Pues no tiene sentido, mire usted. Al igual que no tiene sentido la guardia imperial de Darth Vader en una cabalgata de Reyes Magos. Ni Bob Esponja, ni Frozen. Ni reinas magas. Porque no, mire usted, las tradiciones NO evolucionan, por eso son tradiciones. Y en lugar de todo eso debería haber pastorcillos, zambombas, camellos… Y al que no le guste, que no mire.

Me gusta tu perfume

Me gusta tu perfume. Siempre me ha gustado.

Desde aquella noche con pimientos de padrón en la que acabaste a mi lado en la cama,

donde el respeto se rindió a las ganas.

Y la tarde siguiente.

Y aquella noche que sucedió a un puente aéreo, aquella en la que una habitación quedó vacía.

Esa en la que el agua, las burbujas y el vapor fueron nuestras sábanas.

Y la mañana siguiente.

Y muchas otras noches. De confidencias, de secretos, de acuerdos.

Noches que se hacen día en el asiento de atrás.

Y conversaciones telefónicas, muchas, donde no puedo verte pero sí oler tu perfume.

Y encuentros. Esos en los que no nos podemos tocar. Pero puedo olerte.

Desde entonces, siempre y cada vez que vienes, lo impregnas todo con tu perfume.

Luego te vas, pero el perfume se queda. Y me transporta.

A tu piel, al calor de tu cuerpo, a tu mano en mi cintura.

A eso que sólo tú y yo tenemos.

Y me gusta tu perfume. Siempre me ha gustado…

De la manía de que crezcan los niños

Cuántas veces hemos oído que se le dice a los niños «tal cosa es de bebés» si hacen algo que consideramos «malo», o «lo has hecho como un mayor» cuando hacen algo de forma a nuestro parecer «correcta». Pero, ¿realmente estamos ayudando con esa actitud? ¿O les estamos impidiendo comportarse como deberían? ¿Les estamos poniendo trabas?

Aquí os dejo otro Leer más → De la manía de que crezcan los niños

El duelo tardío

Ante una pérdida, ¿qué ocurre cuando no haces el duelo en su momento? Yo os lo diré: estrés post traumático, desarrollo de conductas no adaptativas, y un largo etcétera con alto riesgo de peores consecuencias a medida que pasa más y más tiempo. Sin embargo, la buena noticia es que aun siendo tarde ese duelo puede hacerse. Y funciona.

Aquí os dejo un fragmento de mi vida…

ANSIADOS REENCUENTROS

Había una vez, tal día como hoy hace 26 años, una niña de 12 que estaba en casa con su papá. Mamá no estaba, pues ese sábado le había tocado trabajar en la oficina. La niña tenía previsto ir a la compra con papá cuando terminasen de desayunar. Entonces, su papá de repente le dijo:
– Hija, tengo un dolor en el pecho que se me va al brazo izquierdo y me tiene molesto…
Y la niña, que a pesar de su corta edad era muy «marisabidilla» le contestó:
– Papá, eso es que te está dando un infarto, ¿por qué no vamos al centro de salud a urgencias?
– No – dijo su papá – no te preocupes. Voy a sentarme un rato en la terraza, verás cómo se me pasa, y después nos vamos a comprar.
Así que la niña no tuvo más remedio que conformarse. Mientras ella hacía la cama de sus padres, su papá se ponía las deportivas en el cuarto de baño. Y de repente, escuchó una especie de rugido extraño y enseguida comprendió que algo no iba bien.
– Papá??…
Nadie contestó… Fue corriendo al baño y allí encontró a papá, tirado en el suelo y con una gotita de sangre resbalando por el puente de la nariz, pues parecía que se había golpeado con el marco de la puerta al caer. Entonces un grito desgarrador ahogó su garganta. Buscó ayuda en casa de sus vecinos, y llamó a su mamá a la oficina para decir «mamá, ven a casa, papá ha tenido un infarto y ha muerto…»
Esa fue la última imagen de su papá, no pudo despedirse, nadie la dejó ir al entierro, nadie la llevó nunca al cementerio. Y todo alrededor siguió como si nada. Craso error. No pudo hacer ese duelo y la factura que le pasó la vida desde entonces fue demasiado cara.
Hasta hoy, que tras 26 años, esa niña que soy yo, ha podido verte. He podido sentir tu abrazo a través del granito, con emoción, felicidad y alivio. Ansiado reencuentro, por fin, papá. Me ha hecho mucho bien. No sabes cuánto.

NUNCA ES TARDE PARA HACER EL DUELO.