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No se lo podía creer. Su caballero regresaba postrado a lomos de su caballo, aún no sabía si vivo o muerto. Entró por la fortaleza y la parte de su compañía que allí se encontraba se apresuró a bajarlo para inspeccionar en qué estado se encontraba. Ella, único miembro femenino de aquel ejército, observaba desde sus aposentos en lo alto de la torre pidiéndole a los dioses un halo de vida para él.

Dos flechas en su tórax y una en su espalda le habían acompañado durante el camino de regreso. Valioso su caballo que supo emprender la senda de vuelta a casa. Aún estaba consciente. Comenzó a decir el nombre de los compañeros que a su lado estaban y lo condujeron inmediatamente ante la presencia de la dama blanca. La dama blanca… o la dama guerrera también; blandía su acero como nadie. Y por supuesto, la dama que poseía el conocimiento para curar.

Cuando ella lo vio tan de cerca, se estremeció. Lo tumbaron en una cama hecha con pieles y comenzaron a quitarle los ropajes. Ella se aproximó y le acarició una mejilla con su mano. Él tan sólo alcanzó a decir: (más…)

cartas 2

Al menos durante un tiempo,

los príncipes azules existieron.

Los que te dicen que eres hermosa,

que no mereces desprecios.

Los que te toman de la mano una fría nochevieja

y te cubren

con su cuerpo y su chaqueta.

Los que te dicen palabras bonitas a las que contestas

“no me las merezco”,

y ellos te gritan “porque tú no quieres”.

Los que te hacen ver que el infierno en el que vives

no es “lo normal”.

Los que te dicen “si quieres salir de ahí ven conmigo”,

y te tienden la mano.

Y arropada en terciopelo negro se la das,

y comienzas tu cuento de princesas.

Los que te escriben canciones un “lonely sunday morning,

lonely for your love, lonely for you”.

Los que amas como si no hubiera mañana.

Pero ni existen los príncipes ni existen las princesas,

la magia se esfuma y la vida hace mella;

Algunos regresan y te vuelven a anillar cual jilguero

con la esclava de plata,

con un original “yo también”

en el reverso;

pero se vuelven a esfumar por segunda vez,

dejándote sumida en una “breve historia del tiempo,”

de cuarenta y cuatro cartas y nueve meses,

pensando:

“Fue breve pero intenso”.

Vanessa y Oscar 0279

Sin ti no puedo estar. No es ansiedad ni locura. Ahora lo siento claro. Ya sé por qué lloro en tu ausencia: me encuentro perdida, confusa, incompleta. Dando vueltas de un extremo a otro sin saber dónde parar, sin hallar el punto medio. Te echo de menos. Todo, tus virtudes, tus defectos. Las manías que te definen, porque sin ellas no serías tú. Te quiero a ti. Con todo.

Y aunque quizá se quedaran atrás esos días de (más…)

muerdago

Son muchos los anuncios que en estas fechas nos muestran el mensaje de que hay que regalar tiempo a los que lo necesitan, a los que están solos. Tiempo, presencia, compañía, calor de hogar, cobijo emocional. Porque ese es el mejor regalo que se les puede hacer. Incluso la mayoría de las veces nos arrancan alguna que otra lágrima. Como si el resto del año no contara para nada…

Pero lo que muchos no saben es que existe una figura que no sale en los anuncios, una figura que tiene uno de esos regalos para cada uno de los trescientos sesenta y cinco días del año, una figura en la que estos días en los que se supone todo el mundo se reúne, sufre: los desconocidos navideños. (más…)