Su silencio de corchea

Percibió un ambiente extraño, alerta, algo raro que le hacía tener los cinco sentidos a flor del piel; era su anclaje a tierra.

De pronto un guiño; ¿sería verdad? ¿un quiero y no debo? Y no pudo resistirse al juego.

Sabía que tenía una cualidad especial, un don, un arma de destrucción masiva: su potente silencio de corchea.

Le sostenía la mirada,

con su potente silencio de corchea.

Él no se la aguantaba,

por su potente silencio de corchea.

Le ponía la mano en el hombro,

con un potente silencio de corchea.

Él estremecía su cuerpo,

por el potente silencio de corchea.

Invadía su espacio personal

a golpe de silencio de corchea,

y él reía apartando el rostro

por su ensordecedor silencio de corchea.

Un silencio de corchea que lanzaba con fuerza,

pues daba por hecho que él no se atrevería a

cruzar el abismo.

¿O sí?

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Litio

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¿Sabes? Me encanta cuando me abrazas y continuamente me besas fuerte en la mejilla.

Me encanta descansar en tu cuello mientras me cuentas alguna cosa.

Me encanta cuando me llamas «preciosa» o «princesa». Suena tan bien…

 

¿Sabes? Me gusta cuando me escuchas. Cuando comprendes Leer más → Litio

ATEMPORAL

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Ella permanecía sentada fuera en la terraza, contemplando el mar. Dos sillas, una mesa y un cenicero era todo lo que necesitaba en ese momento. Disfrutaba de su cigarrillo cuando él cruzó la puerta y se presentó frente a ella, tan guapo como siempre, con su traje y la sensualidad de sus movimientos.

– ¿Qué tal? ¿Puedo sentarme contigo?

– Por supuesto – contestó ella, tratando de disimular cuánto le gustaba aquel chico. Desde el primer momento en que se lo presentaron en el trabajo.

– ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar dentro con todo el mundo?

Ella tenía varios frentes conflictivos abiertos en su vida personal en aquel momento. Con una triste sonrisa respondió: Leer más → ATEMPORAL

Intoxicada

Diablesa

Se hartó. De tanto tira y afloja, de tanto tensar la cuerda, de ahora sí y luego no. De sus “mañana un café” y no atender siquiera la cita. De sus “me despisté”. De reglas del juego a las que no correspondía.

Se hartó. De que pasaran largas temporadas sin contacto. De no recibir noticias si no las daba primero. De ahora recibirlas sólo para esto, sin nada accesorio. De cortesías que no eran recíprocas.

Se hartó. De sentir la persecución sin tregua. De su Leer más → Intoxicada

Cuatro cosas que añoro cuando no estás

abrazo Una: Tus labios pegados a los míos. Dependencia en grado máximo. Sellados. Inseparables. Con ese sabor metálico extraño que tanto me gusta. Me gusta porque me recuerda la primera vez que nuestras bocas se juntaron.

Dos: Tus abrazos. Esos tan fuertes que en ocasiones no me dejan apenas respirar. Esos que no me sueltan, como la mordida de un perro de presa. Y aunque a veces me constriñen las costillas y el aire no tiene espacio para llegar a su destino, me gustan. Me gustan porque me recuerdan la primera vez que nuestros cuerpos se abrazaron.

Tres: Tu lengua… Tan suave, suave como pocas he probado, y a la temperatura perfecta. Lengua que me embelesa y me atonta, y me arrebata parte de mi control sobre todas las cosas. Pero mal que me pese no tener el control absoluto, me gusta. Me gusta porque me recuerda la primera vez que nuestras lenguas se engarzaron y formaron una joya perfecta.

Cuatro: La que más duele, la que más necesito, la que más me derrumba, la que más me alimenta, la que más me apacigua, la que me despoja de mi coraza, la que me rompe en dos, la que me desnuda por completo: Tu inmenso cariño en forma de atenciones cuando entramos en nuestro universo paralelo… Y me gusta porque no me recuerda, me hace SENTIR…