Decepción (otra más)

angel guitarra Hey. Ya sabía yo que en algún momento esto iba a caer. Si es que soy idiota. ¿O acaso los idiotas son los demás? Porque yo siempre voy con la verdad por delante. Transparente. Sin recovecos. Quizá por eso es que me llevo las decepciones que me llevo. Con personas como tú. Personas que no son legales. Personas de «donde dije digo digo Diego». La verdad, me pilló desprevenida. Sinceramente de ti no me lo esperaba. Parecías noble. Sincero, como yo. Leer más → Decepción (otra más)

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La verdad insoportable

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Muda. Petrificada. Con ganas de vomitar. Con una mezcla entre fuego y hielo albergados en la caja torácica. Sujetando como si fuera una cuadriga las ganas de llorar para que las lágrimas no asomaran a mis ojos; si lo hacían, callarías para siempre y yo me quedaría a medias de saber la verdad, toda la verdad. Esa verdad que comenzaba a ser peor de lo que había imaginado. Más difícil de soportar de lo que yo había creído. Una dualidad para la que ya me había preparado, pero que superó todas mis expectativas. Algo que llevabas guardado ahí cuarenta años, como un cáncer, algo que te consumía por dentro, cada día de tu vida. Te sorbía la vida, literalmente; te agotaba, te anulaba, te doblegaba.

Y yo, ¿cómo hago ahora para digerir… Leer más → La verdad insoportable

Se me cayó un mito

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No podías faltar tú en uno de mis relatos. Recuerdo el primer día que te conocí; me pareció que te desenvolvías a otro nivel, en otra dimensión. Qué equivocada estaba…

Te convertiste en mi modelo a seguir. La oportunidad de trabajar a tu lado era mi objetivo. El día de mi incorporación ni siquiera estabas. Me tuve que buscar la vida en un Leer más → Se me cayó un mito

Las cestas de Navidad

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Ella recuerda aquella época como una de las más entrañables. La época en la que comenzaban a llegar las cestas de Navidad. Grandes cestas, algunas de hasta seis y siete pisos, otras baúles como cofres del tesoro, llenas de los más exquisitos manjares. Y tantas, que las compartían cómo no con la familia. Por supuesto, a ella lo que más le gustaba era el jamón.

Recuerda que otras sin embargo no eran cestas, sino regalos que ella calculaba debían tener unos precios desorbitados: juegos de vasos del mejor cristal con las filigranas más bellas, figuras de porcelana de una famosa marca de la que no consigue acordarse; pero sobre todo rememora una figura de bronce en la que aparecían una yegua y su potrillo sobre un pedestal de plata. Qué cosa más bonita.

Y aun así, lo que recuerda con atención y un pelín de sabor amargo son las felicitaciones navideñas que acompañaban a todo aquello. No eran normales. Papel de la más alta calidad, obras de pintores famosos impresas como imágenes, y firmadas de una manera un tanto impersonal.

Pero recuerda que era una época entrañable porque se sentía importante con todo aquello. Su padre debía de ser alguien importante que tantas atenciones recibía. Era entrañable por las cenas de Nochebuena, las comidas de Navidad, las cenas de Nochevieja y las comidas de Año Nuevo. Recuerda las excelentes mesas que su madre preparaba, aunque por aquel entonces no suponía el sobreesfuerzo que le implicaba. Ella ayudaba en algo y le encantaba pero el gran peso lo llevaba su madre. Recuerda su familia en casa y bailar villancicos en el descansillo. Recuerda recuerdos nítidos y recuerdos fugaces. Leer más → Las cestas de Navidad