El Páramo

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Queridos lectores, me causa mucha ilusión contaros que hoy he firmado el contrato con la editorial con la que autopublicaré mi primera novela: El Páramo.

De la mano de Editorial Mundopalabras espero poder recorrer este camino contando con quien me levante si me caigo (que me caeré) y que vosotros me acompañéis en ello.

Como podéis ver, he insertado una página nueva en el blog que lleva por nombre el título de la obra y que estará dedicada a ella una vez esté disponible.

Hasta entonces, prefiero no desvelar nada para no quitarle… misterio… Pero os aseguro que no os dejará indiferente…

Yo sé qué te pasa

 

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Yo sé lo que te pasa. Desde que eras niña tienes carencias afectivas. Primero con tus padres, luego con tus hermanos. Con tus padres porque para ellos sólo eras un peón más potencial fuente de traer dinero a casa…  Con tus hermanos porque siempre eran ellos antes que tú. Y así tu niñez, si es que se le puede llamar así, y después tu adolescencia. Luego te convertiste en una mujer hecha y derecha, y cada trabajo que hacías era para llevar el dinero a casa. Y después te casaste. Te casaste para salir de casa de tus padres. Y no sé por qué pero siempre dices que tu boda no fue lo que tú querías. Sólo sé que fue un 28 de enero, que llovía a mares, y que en el momento en que tú marchabas para la iglesia lucía el sol. Y que estabais muy guapos.

Prácticamente al año o año y poco nací yo. Y eso fue lo que terminó de desarmarte. Dejaste de trabajar y te quedaste diez años a mi cuidado. Hay otras madres que lo desean; tú no. La decisión la tomó mi papá. Y dejaste de hacer lo que más te gustaba en el mundo: trabajar. Y aunque me cuidabas, consolabas y protegías, me veías como la causa de tu disconfort con la vida.

A los diez años de yo nacer retomaste la actividad laboral, gracias a mi papá, que te buscó un trabajo estupendo en lo que más te gustaba. Fueron los mejores años de tu existencia. Pero a los dos años de aquello Dios quiso que te quedaras viuda con un piso a medio pagar y una hija preadolescente que había visto morir a su padre con sus propios ojos.

Y te volviste tóxica. Te volviste tóxica con tu mejor intención porque no sabías hacerlo de otra forma. Y te refugiaste en el trabajo. Y en casa no se hablaba, no se compartía el dolor, no se gestionaban emociones. Pero seguimos adelante. Por un camino muy tortuoso. Pero seguimos.

Y ahora, después de mi punto de inflexión hace casi tres años, después de haberme roto y haberme vuelto a rehacer, te digo: sé lo que te pasa.

Por eso te invito a salir de ahí, a quererte, a dejarte querer, a ser egoísta, a vivir el aquí y el ahora. Y a disfrutar lo que te quede de vida sin la obligación de servidumbre hacia los demás.

Y como tú me dices a mí: nunca te quedes con ganas de hacer algo en la vida.

Viaja, sal, entra, ríe, llora, disfruta, ama, haz locuras, improvisa, piensa en ti, sé tú misma, que no te importe lo que piensen los demás, y sobre todo: ESTÁTE EN PAZ CONTIGO MISMA.

Confía en mí. Te quiero. Lo sabes.

Juegos de niños, retos de padres

Sobre cómo extrapolamos el aprendizaje de los niños a la competitividad entre los padres. Este tema es el que trata el siguiente fragmento de “Monólogos de un bipolar”. Para reflexionar o debatir a vuestro gusto.

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“Bien… No sé si todos ustedes lectores tienen hijos, pero si la respuesta es no, seguro que conocen a alguien cercano que los tenga, y para muestra un botón. Es bastante habitual en las edades más tempranas del ciclo escolar, la realización de festivales en los que los chavales se sienten partícipes de algo común (recordemos a Maslow y su pirámide de necesidades básicas), y además gozan de sus 15 minutos de fama siendo ésta un tipo de actividad super especial para ellos. Y obviamente, para ellos es extremadamente importante que su mamá o su papá, o mejor aún los dos (eso ya es la repanocha) estén ese día con ellos, les vistan (habitualmente van disfrazados), y como no, disfruten viendo cómo su mayor tesoro es el rey de la fiesta ese día. Pues bien… Aún me encuentro niños que en días como esos ni papá, ni mamá… Y la justificación siempre es la misma: “es que tengo trabajo”… Hombre, si sabes desde el inicio de curso cuándo va a ser el festival de tu hijo, pues déjate algún día libre para entonces, ¿no?. Porque, ¿somos realmente conscientes de lo que marcan esas cosas a los niños?… Si ya lo digo yo, que esto de la conciliación entre la vida familiar y laboral no existe, y que lo de las madres trabajadoras es una moto que nos han vendido. Porque al final trabajamos fuera de casa y dentro. Y más. Y nos perdemos cosas.

Volviendo al tema… Lo más apoteósico viene cuando en el cole mandan actividades para que los niños hagan en casa con los papás (y sí, digo “papás” para referirme al conjunto de papás y mamás, ¿vale?), que además suelen ser manualidades bastante divertidas. Y la clave del asunto está en “hacer CON los papás”… Es decir, el objetivo de esto es que los niños con sus padres hagan cosas JUNTOS, aunque no se consigan obras de arte (no es lo que se pretende), y sin embargo lo que ocurre es que estas actividades para hacer con los niños se convierten en auténticas competiciones de los padres, a ver quién hace el mejor muñeco de nieve, o la mejor estrella de goma eva, o el mejor mural de castillos… Y claro, ¿al final qué pasa?, que son los padres los que se enzarzan en un alarde de pretecnología… “bufff!… Mira qué bandera ha llevado fulanita… Pues nosotros la vamos a hacer más grande y mejor”… Y cosas así. Y al final, el niño no participa de su actividad, y se queda sin el hecho de haber pasado un buen rato realizando la actividad con sus papis… Y eso pasa factura…

Que luego nos quejamos de la sociedad, de que si los valores ya no son los mismos, que si cualquier tiempo pasado fue mejor… ¿Nos estamos dando cuenta de qué valores estamos transmitiendo nosotros a nuestros hijos? ¿De si fomentamos el apego? ¿El respeto? ¿La compasión? Ahí lo dejo…”

De la manía de que crezcan los niños

Cuántas veces hemos oído que se le dice a los niños “tal cosa es de bebés” si hacen algo que consideramos “malo”, o “lo has hecho como un mayor” cuando hacen algo de forma a nuestro parecer “correcta”. Pero, ¿realmente estamos ayudando con esa actitud? ¿O les estamos impidiendo comportarse como deberían? ¿Les estamos poniendo trabas?

Aquí os dejo otro Sigue leyendo