La sirena

Desnuda sobre la cama, había cambiado sus escamas verdes por piel suave como la seda. Piel blanca, fina y delicada, “como la de mi abuela”, decía él. Así la recordaba.

Mas era una sirena, y aun bajo su aspecto temporal de mujer debía mantenerse húmeda…

Su cabello rojo, denso y fuerte, se mantenía húmedo por el sudor que emanaba de su cuello en respuesta a los besos ávidos y calientes que él la regalaba.

Su busto, tenso y ardiente, se mantenía mojado por los paseos lentos pero firmes de la lengua contraria.

Su ombligo… Latía… Acuoso, por las manos abrasadoras y firmes que no dejaban de acariciarlo.

Y sus piernas… La parte más importante, pues era donde albergaba las escamas… Sus piernas estaban empapadas por finas gotas de placer, como una lluvia de gozo, que la hacían estremecerse en el vaivén de las olas del mar que él la ofrecía.

Y así, la sirena, se saciaba de su cuerpo terrenal antes de volver a su forma original, no sin antes rememorar la dulce miel que había probado en sus labios…

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Si pudiera… Pero no puedo.

tántrico

Si pudiera ofrecerte un mundo paralelo que tuviera entre las manos, no dudaría en tratar de darte caza. Me emborracharía del olor de tu perfume mezclado con tu piel, tan intenso, cada vez que te veo, como una telaraña que me atrapa.

Dejaría que las puntas de tus dedos tocasen mis hombros desnudos hasta erizar tu vello; abriría las piernas y te atraería hacia mí con un abrazo, un abrazo que ya no te dejaría marchar. Y así, abrazada a ti de brazos y piernas nos fundiríamos en el más cálido beso, por el que llegaría hasta tu alma, para despertar todos tus sentidos, y allí mismo, los tuyos y los míos serían uno sólo.

Despertaría Kundalini y el amor y el sexo tántrico serían una única luz blanca. Te amaría, te poseería, me entregaría, me saciaría de ti, te llenaría de mí, me llevaría tu aliento a todos los rincones de mi cuerpo y mis labios a todos los del tuyo, sin dejar ni un centímetro sin explorar, sin tocar, sin degustar.

Te bebería hasta ahogarme, te respiraría una y mil veces hasta llevarme todo tu aroma conmigo, te besaría hasta engullirte y dejarte exhausto; tú, dentro de mí; yo, dándome a ti.

Y una vez estuvieras al borde de la extenuación, con un dulce beso me marcharía. Porque eso es todo cuánto quiero. Nada más. O nada menos…

Todo eso te daría si pudiera… Pero no puedo.