¿Te vienes conmigo?

Se condensó el aire
y se nubló el cristal,
cuando el camino estrecho
se empezó a esbozar,
y la maleza muerta
junto al secarral
hacía de cortina
para el caminar.

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El muro de piedra
y las cruces de granito,
lucían aún más bellos
que aquel cielo infinito,
con la luna alumbrando
el sentir más bonito,
y estrellas arropando
las almas en un grito.

Y el andar se hizo galope,
y el galope se hizo amigo
de las gotas de sudor
derramándose en el trigo,
y para compartir el viaje
le dijo la flor al testigo:
«sígueme, yo me vengo,
ven, ¿te vienes conmigo?»

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De querer estoy hecha

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Si tu mano en mi espalda

de querer estoy hecha,

si me hablas o callas

de querer estoy hecha,

si me robas un beso

de querer estoy hecha,

o te das en exceso

de querer estoy hecha,

si me sacias la sed

de querer estoy hecha,

si me atraes a tu red,

de querer estoy hecha.

Pero hazlo en silencio, en secreto, muy quedo.

Hazlo sin previo aviso, mil veces… Pero sin compromiso.

¿Y si me pongo «pa» ti?

Y si me pongo «pa» ti, ¿qué harás?

¿Me quitarás la blusa?

¿Me dejarás confusa?

¿O pensarás: «rehusa»?

Y si me pongo «pa» ti, ¿qué harás?

Yo no puedo hacer nada,

haz sonar una escala

y vamos a ver qué pasa.

Y si me pongo «pa» ti, ¿qué harás?

¿dibujarás una clave

donde un instante cabe

pero de ahí no sale?

¿Y si me pongo «pa» ti?

¿Me dirás que no?

¿Me dirás que sí?

Curioso dilema este,

no sé si ponerme «pa» ti…

Su silencio de corchea

Percibió un ambiente extraño, alerta, algo raro que le hacía tener los cinco sentidos a flor del piel; era su anclaje a tierra.

De pronto un guiño; ¿sería verdad? ¿un quiero y no debo? Y no pudo resistirse al juego.

Sabía que tenía una cualidad especial, un don, un arma de destrucción masiva: su potente silencio de corchea.

Le sostenía la mirada,

con su potente silencio de corchea.

Él no se la aguantaba,

por su potente silencio de corchea.

Le ponía la mano en el hombro,

con un potente silencio de corchea.

Él estremecía su cuerpo,

por el potente silencio de corchea.

Invadía su espacio personal

a golpe de silencio de corchea,

y él reía apartando el rostro

por su ensordecedor silencio de corchea.

Un silencio de corchea que lanzaba con fuerza,

pues daba por hecho que él no se atrevería a

cruzar el abismo.

¿O sí?