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El Casar, escenario de «El páramo»

¡Hola queridos lectores! Hoy os invito a dar una vuelta por algunos de los rincones que han sido escenario de los capítulos de «El páramo». Desde la carretera por la que vas conduciendo y… Hasta el páramo donde Thor… Pasando por la iglesia en la que Sara…

Además por supuesto del encinar y el arroyo donde las prácticas de aquelarres por las brujas casareñas se remontan al reinado de Felipe II…

En fin, que espero que os guste y si no lo habéis leído ya, os anime a hacerlo. Ya sabéis que podéis encontrarlo en www.mundopalabras.es, Amazon, Kobo, y si queréis uno dedicado pues me lo pedís directamente a mí: vmsdue@gmail.com

¡Nos leemos!

CANAL LITERARIO: EL CASAR, ESCENARIO DE «EL PÁRAMO»

El Páramo

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Queridos lectores, me causa mucha ilusión contaros que hoy he firmado el contrato con la editorial con la que autopublicaré mi primera novela: El Páramo.

De la mano de Editorial Mundopalabras espero poder recorrer este camino contando con quien me levante si me caigo (que me caeré) y que vosotros me acompañéis en ello.

Como podéis ver, he insertado una página nueva en el blog que lleva por nombre el título de la obra y que estará dedicada a ella una vez esté disponible.

Hasta entonces, prefiero no desvelar nada para no quitarle… misterio… Pero os aseguro que no os dejará indiferente…

Maldito beso

pekinesAquella casa lúgubre y triste no albergaba amor ninguno. Las escaleras que conducían desde el portal hasta la puerta del patio eran frías y el corto camino muy oscuro. La puerta del patio chirriaba de una forma peculiar, siempre la misma. Cuando se abría, la madera crujía y daba paso a un patio interior, donde una de las paredes parecía ser la parte de atrás de alguna nave abandonada, con dos cristales siempre rotos. El olor a orín felino saturaba la atmósfera. Dos gatos negros a ratos a la gresca, a ratos compartiendo descanso en un tejadillo del hueco de la escalera donde los trastos se amontonaban. Dieciséis escalones hasta la puerta de la casa. Y su amigo peludo esperándola arriba del todo.

Siempre escuchando las mismas historias, una y otra vez. Y su lógica infantil le impedía entender ciertas cosas, y le ponía soluciones muy fáciles a la vida. La vida que ella veía cincuenta años después a través de sus ojos de niña.

-Pero, si no le querías, ¿por qué te casaste con él?

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