¿Te vienes conmigo?

Se condensó el aire
y se nubló el cristal,
cuando el camino estrecho
se empezó a esbozar,
y la maleza muerta
junto al secarral
hacía de cortina
para el caminar.

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El muro de piedra
y las cruces de granito,
lucían aún más bellos
que aquel cielo infinito,
con la luna alumbrando
el sentir más bonito,
y estrellas arropando
las almas en un grito.

Y el andar se hizo galope,
y el galope se hizo amigo
de las gotas de sudor
derramándose en el trigo,
y para compartir el viaje
le dijo la flor al testigo:
«sígueme, yo me vengo,
ven, ¿te vienes conmigo?»

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