Recaída

Y allí la tenía otra vez de frente, cara a cara. Yo pensaba que aquellas viejas heridas habían cerrado, pero no; comenzaron a sangrar. Parece mentira cómo, aunque pase el tiempo, hay cicatrices que tardan en difuminarse. Y algunas, puede que no se borren nunca.

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Y entonces me di cuenta de que aquel dolor que estaba sintiendo no era por mí; me daba igual, me era indiferente, ya no me afectaba. Aquella punzada que estaba experimentando, formada por una mezcla de dolor, ira, tristeza y rabia, era por alguien mucho más importante: él.

Él lo es todo. Mi universo. Mi pequeño gran maestro. El que me enseña todo aquello que no sé. El más noble y bondadoso de entre todos ellos. El inocente. El del corazón más grande.

Y por él soy capaz de morir. Soy capaz de matar. Así que no te acerques a su espacio vital. No se te ocurra ni tan siquiera robarle un metro cúbico de aire. Porque me debo a él y por él tomaré la justicia por mi mano si es necesario, si el entorno no se ocupa de poner las cosas en su sitio.

Así que, allí la tenía otra vez de frente, cara a cara: la hipocresía.

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Habladurías

 

Lanzadas como un filo,

plato rotosin sentido;

al blanco más injusto,

¡qué disgusto!;

con daño gratuito,

¡qué maldito!;

tiradas como un dardo,

¡qué bastardo!

Y el noble animal sangra,

le duelen sus heridas,

y no pierde la calma

por el bien de sus crías.

¿Por qué esta hipocresía?

¿Por qué siempre contra el bueno?

¿Por qué tanta habladuría?

¿Por qué tanto veneno? Leer más → Habladurías