El Páramo

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Queridos lectores, me causa mucha ilusión contaros que hoy he firmado el contrato con la editorial con la que autopublicaré mi primera novela: El Páramo.

De la mano de Editorial Mundopalabras espero poder recorrer este camino contando con quien me levante si me caigo (que me caeré) y que vosotros me acompañéis en ello.

Como podéis ver, he insertado una página nueva en el blog que lleva por nombre el título de la obra y que estará dedicada a ella una vez esté disponible.

Hasta entonces, prefiero no desvelar nada para no quitarle… misterio… Pero os aseguro que no os dejará indiferente…

Te quedó grande

yegua

Nunca pensé en escribirte,

pero ya no aguanto más,

eres dueño de mis noches,

pesadillas y demás.

Otra traición recibida,

otro puñal certero,

el tuyo, que no esperaba,

y si no lo cuento, muero.

Nosotros lo fuimos todo,

amigos, compañeros,

cómplices, confidentes,

el escudo y su guerrero.

Flipabas con mis colores,

los que había en mi cabeza,

y con los cambios de imagen

de aquellas noches de fiesta.

Flipabas con el motor

que dentro de mí escondía,

con sus salvajes caballos Sigue leyendo

Abrázame fuerte

Me rompo. Tengo el cuerpo agrietado y los surcos son tan profundos como el dolor que hay en  mi corazón._20170928_183143

Me rompo. Mi piel ha adquirido el color de la sangre y mi sangre el sabor de la bilis que trago.

Me rompo. Insistís en abrir la herida una y otra vez. Los mismos de siempre.

Me rompo. Olvidáis que en la batalla ambos bandos tienen balas. Y monte, y cunetas mezclados por igual.

Me rompo. Medís con diferente rasero. Destruís lo de unos y alabáis lo de otros. Olvidáis que en este caso ha de ser para todos o ninguno.

Una herida abierta, profunda, con los bordes cada vez más separados.

Divide y vencerás. Une y serás grande.

Por eso, abrázame fuerte.

Abrázame fuerte, pues soy quien te vio nacer, crecer y te acompañó en tu existencia.

Abrázame fuerte, pues soy el escenario que te acompaña cada día, tu fuente de sustento y el sustrato donde echa raíces tu familia.

Abrázame fuerte, pues soy vuestra madre común. Una madre que os da todo por nada.

Una madre que sufre viendo a sus hijos desgarrarla.

Abrázame fuerte para que vuelva a ser grande, nunca sea yerma y el dolor calle.

Abrázame fuerte para que brote. Florezca. Brille.

Abrázame fuerte para que pueda abrazarte a ti también.

Sólo eso. Tan sólo que me abraces fuerte.

Con cariño, tu madre patria.

ESPAÑA

 

 

La sirena y el mar. #UnMarDeHistorias

Te miraba de lejos y te miraba con furia. Tu sola presencia me irritaba. Tus aires de todo saberlo me hacían desquiciar. Evitaba acercarme a ti como evitaba acercarme al mar embravecido, o bañarme bajo una bandera roja. Qué ilusa pensar que las fuerzas de la naturaleza podrían estar bajo el control de uno mismo. Al igual que no se puede domar la fuerza del mar, no se pueden domar otras cosas.

Sin embargo, algo empezó a cambiar sin razón. Tu presencia en aquel despacho me agradaba, el timbre de tu voz me resultaba delicioso, y esa espectacular sonrisa martilleaba en algún sitio ilocalizable de mi ser. Y yo seguía teniendo cuidado de no acercar los pies a la orilla. Seguía con miedo de aquella bandera roja. Con miedo de aquellas olas grandes, de aquel mar imponente azul oscuro. Hasta que, en un descuido, una ola gigante me atrapó. Me engulló, me arrastró hasta el fondo con violencia y sin compasión. Y cuando me devolvió de un coletazo a la superficie, en mis labios había sabor a agua y sal: me habías besado.

Y entonces, como la Bella Durmiente, desperté a la vida. Todo el letargo anterior se esfumó y empecé a sentir, a vibrar, a respirar. Mi cuerpo, como el de una sirena, se movía presto en ese mar que ahora era cristalino, con aguas en calma que me abrazaban suavemente, quedamente. “No me provoques o me quedaré para siempre contigo”, dije. Y súbitamente, otra ola me arrulló, me sumergió profundo y me enseñó el colorido del fondo del mar. Me liberó para que pudiera subir a la superficie y me sentí viva: me habías besado de nuevo.

Te convertiste en mi mundo con la inmensidad de tu océano fagocitándome en cada abrazo; te convertiste en cada una de las veinticuatro horas de mi día; te convertiste en el aire que respiraba y en lo que me mantenía con vida. Y aquella sirena quiso quedarse en aquel mar por toda la eternidad. Pobrecilla, no esperaba las batallas que habría de librar.

Tuvo que escapar de las fauces de tiburones, sortear arpones de pescadores. Apartar gente tóxica que teñía de negro su mar, que se alteraba y se rebelaba. Nadar contra corrientes que la empujaban en dirección contraria. Sin embargo, contra todo eso venció. Y el mar se calmó. Las aguas se amansaron y tornaron cristalinas.

Y desde entonces vivimos un mar de emociones. Un mar de aventuras. Un mar de historias.

Yo, tu sirena. Y tú, mi mar.

Juntos, en la calma y en la tempestad.

sirena