Guajiro de Rodas (canción)

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En una casita en Rodas

nuestro guajiro creció,

entre café, grano y caña,

guarapo, fricasé y son.

Era chiquito de cuerpo,

muy grande de corazón

y el mayor de tres hermanos,

dos hembras y él el varón.

Salió el guajiro de Rodas,

se marchó cuando creció,

con su trompeta y su música

y ya nunca más volvió.

En un viaje de trabajo

el guajiro se marchó,

dejando atrás casa y padres

en busca de algo mejor.

Y al salir de allí, señores,

¿saben lo que se encontró?

una realidad distinta

de la que Cuba contó.

Salió el guajiro de Rodas,

se marchó cuando creció,

con su trompeta y su música

y ya nunca más volvió.

Los malos no eran tan malos,

los buenos no eran tan buenos,

y lo que le habían contado

él ya no podía creerlo.

¿Para qué volver a Rodas

si ya no podría salir?

Y el guajiro se hizo nómada

con su trompeta y su atril.

Salió el guajiro de Rodas,

se marchó cuando creció,

con su trompeta y su música

y ya nunca más volvió.

Salió el guajiro, salió,

y a Rodas ya no volvió,

salió el guajiro, salió,

dejando su corazón.

Salió el guajiro, salió,

y a Rodas ya no volvió,

salió el guajiro salió,

dejando su corazón.

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Su silencio de corchea

Percibió un ambiente extraño, alerta, algo raro que le hacía tener los cinco sentidos a flor del piel; era su anclaje a tierra.

De pronto un guiño; ¿sería verdad? ¿un quiero y no debo? Y no pudo resistirse al juego.

Sabía que tenía una cualidad especial, un don, un arma de destrucción masiva: su potente silencio de corchea.

Le sostenía la mirada,

con su potente silencio de corchea.

Él no se la aguantaba,

por su potente silencio de corchea.

Le ponía la mano en el hombro,

con un potente silencio de corchea.

Él estremecía su cuerpo,

por el potente silencio de corchea.

Invadía su espacio personal

a golpe de silencio de corchea,

y él reía apartando el rostro

por su ensordecedor silencio de corchea.

Un silencio de corchea que lanzaba con fuerza,

pues daba por hecho que él no se atrevería a

cruzar el abismo.

¿O sí?

En clave de fa

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La noche los llevó a terminar en el portal del apartamento de él, aparcados en doble fila, pues ella se había ofrecido a llevarlo en coche con todos los bártulos. El silencio había empezado a hacerse incómodo.

-Bueno, gracias por traerme.

-De nada, ¿te ayudo con los trastos?

-Oh no, no hace falta, gracias, ya me ocupo yo.

De nuevo el silencio que podía cortarse con cuchillo.

– ¿Te apetece subir? -dijo él, muy cortado.

Ella lo miraba a los ojos más cortada aún, con la boca entreabierta sin emitir sonido alguno. Hasta que una ráfaga de luces largas por el espejo retrovisor la sacó de su ensimismamiento y dijo:

-Tengo que aparcar.

-Mira, ahí delante tienes un sitio.

Aparcó. El frío de la noche cuando bajó del coche la hizo recuperarse a sí misma. Cogieron las cosas entre los dos y accedieron al portal. En el ascensor, de nuevo silencio, pero ella ya comenzaba a templar sus nervios. Él, sin embargo, llevaba demasiado tiempo sin estar con una mujer, y aunque hacía lo posible por aparentar lo contrario, se le notaba intranquilo. Una sonrisa nerviosa le delataba. “Es tan lindo”, pensaba ella mientras se sonreía a sí misma.

Era un apartamento pequeño, pero bien cuidado, y resultaba acogedor.

– ¿Dónde dejo esto?

-Ahí mismo, en la entrada. Pasa y siéntate. ¿Te apetece tomar algo?

-Pues el caso es que tengo bastante sed, pero no me apetece nada de alcohol.

-Un jugo de lima entonces. Que sean dos.

– ¿No lleva alcohol?

-No. Agua, lima natural, unas hojas de menta y un poco de azúcar.

-Suena bien.

Se acercó con las dos bebidas al sofá. Él seguía con su sonrisa nerviosa. Ella se la devolvía.

-Estuvo bien la música, ¿verdad? -preguntó él, jugueteando con el vaso.

– ¡Oh sí! Estuvisteis genial, menudo ritmo.

Quedaron mirándose a los ojos en silencio y en cuestión de segundos… comenzó su música… Se unieron sus bocas, calientes y húmedas, que se entrelazaban buscándose sin soltarse cada vez que se encontraban. Se quitaron las ropas y ella se levantó del sofá, irguiéndose sobre sus tacones para que la viera bien. Quería ser un regalo para los cinco sentidos; él se lo merecía. Él la observó impresionado; se levantó del sofá y la cogió en brazos para llevarla al dormitorio. Ella que pensaba que iba a dominar la situación…

La colocó sobre la cama; sí, la “colocó”, no la puso ni la tumbó; la acomodó la cabeza y el cabello sin dejar de contemplarle los ojazos castaños que aquella mujer se gastaba; la retiró, sí, la “retiró”, no la quitó ni la sacó, los altos zapatos de salón; y la besó. La besó dulcemente recorriendo sus piernas, descubriendo el sabor de su piel. La besó dulcemente el abdomen, descubriendo el volcán de su vientre. La besó dulcemente los senos descubriendo la dureza que podían adoptar. La besó dulcemente la boca, un beso fresco de lima y dulce de azúcar.

Y comenzó su música en clave de fa. Él dirigía acordes y arpegios sobre aquel cuerpo femenino mientras por encima de ellos tocaba la melodía que la llevaría al éxtasis. Al de ella, por tanto, al de él. Las notas en el pentagrama, sonaban a jadeos, a gemidos, a entrega, a placer.

Ella quiso dominar la situación, pero no contaba con que fuese a derrumbarse ante esa forma de amar, donde armonía y melodía iban de la mano, en clave de fa.

Un abrazo sudoroso fue el último compás antes que todo se liberase. Explosión. Ríos de vida. Rendida en sus brazos, como una princesa. Él, sin dejar de mirarla, la besaba con ternura, como un caballero.

Él sobre ella, se miraban a los ojos, sin decir nada, mientras él la acariciaba el cabello.

Ambos seguían pensando en lo ocurrido, en lo saciado. En la armonía. En la melodía. En clave de fa.

Presentación «El páramo», 9 de Marzo

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Pues sí queridos lectores, ya tenemos fecha y lugar para la presentación oficial de «El páramo». Será el viernes 9 de marzo a las 19:30 horas en el restaurante Los Olivos, en la Urbanización El Coto, situada en El Casar. Como no, la primera presentación tenía que ser en la localidad donde vivo, porque me hace mucha ilusión, pero espero que de aquí surjan algunas más por diferentes lugares.

La entrada es gratuita pero el aforo es limitado, de modo que para poder llevar un buen control del mismo, atenderos adecuadamente y que no falte de nada, hay que inscribirse dirigiendo un correo electrónico a: vmsdue@gmail.com

Animaos a venir, será una presentación amena y bastante diferente de lo habitual…