El Páramo

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Queridos lectores, me causa mucha ilusión contaros que hoy he firmado el contrato con la editorial con la que autopublicaré mi primera novela: El Páramo.

De la mano de Editorial Mundopalabras espero poder recorrer este camino contando con quien me levante si me caigo (que me caeré) y que vosotros me acompañéis en ello.

Como podéis ver, he insertado una página nueva en el blog que lleva por nombre el título de la obra y que estará dedicada a ella una vez esté disponible.

Hasta entonces, prefiero no desvelar nada para no quitarle… misterio… Pero os aseguro que no os dejará indiferente…

Maldito beso

pekinesAquella casa lúgubre y triste no albergaba amor ninguno. Las escaleras que conducían desde el portal hasta la puerta del patio eran frías y el corto camino muy oscuro. La puerta del patio chirriaba de una forma peculiar, siempre la misma. Cuando se abría, la madera crujía y daba paso a un patio interior, donde una de las paredes parecía ser la parte de atrás de alguna nave abandonada, con dos cristales siempre rotos. El olor a orín felino saturaba la atmósfera. Dos gatos negros a ratos a la gresca, a ratos compartiendo descanso en un tejadillo del hueco de la escalera donde los trastos se amontonaban. Dieciséis escalones hasta la puerta de la casa. Y su amigo peludo esperándola arriba del todo.

Siempre escuchando las mismas historias, una y otra vez. Y su lógica infantil le impedía entender ciertas cosas, y le ponía soluciones muy fáciles a la vida. La vida que ella veía cincuenta años después a través de sus ojos de niña.

-Pero, si no le querías, ¿por qué te casaste con él?

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La historia de Mario

BELA

Creo que he descubierto un nuevo género literario. O quizá debería decir “fotoliterario”. O “literatofotográfico”. No sé muy bien qué nombre ponerle. El caso es que es un concepto nuevo que nunca antes había visto. Ni leído. Un nuevo tipo de arte quizá. Se trata de la historia de Mario.

Os diré que Mario tiene una cámara fotográfica. Pero Mario con su cámara no hace fotos; capta almas. Capta almas como nadie sabe hacerlo, a través de las miradas de sus modelos, a través de sus gestos, sus poses… Nada físico ni material, tan sólo almas.

Y Mario también tiene una pluma. Pero Mario con su pluma no escribe historias; traslada emociones. Las hace tangibles para que el resto de los mortales podamos verlas, sentirlas, tocarlas. Las emociones que en cada momento sus modelos le expresan. Nada circunscrito a lo finito de las palabras, tan sólo emociones sin barreras.

Y eso que los modelos de Mario, no saben hablar. “Inmortalizador” de almas y “materializador” de emociones. Qué trabajo más bello el de Mario. Y es que para esto, no vale cualquiera…

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Por Mario del Castillo