¿Qué te queda?

lirios

Dime, ¿qué te queda? Tras décadas de penuria y sufrimiento.

¿Qué te queda? Tras esos inicios huyendo, tras esos años escuetos.

¿Qué te queda? Trabajo duro desde la infancia para buscar sustento.

¿Qué te queda? La traición y el abuso de los que impartían la disciplina.

¿Qué te queda? El sabor de una sopa de mondas de patata para seis, y el regusto de un trozo de pan duro mojado en el jugo de un filete de caballo.

¿Qué te queda? El recuerdo de ir por las tiendas pidiendo sobras. Sigue leyendo

Vanessa y Oscar 0279

Sin ti no puedo estar. No es ansiedad ni locura. Ahora lo siento claro. Ya sé por qué lloro en tu ausencia: me encuentro perdida, confusa, incompleta. Dando vueltas de un extremo a otro sin saber dónde parar, sin hallar el punto medio. Te echo de menos. Todo, tus virtudes, tus defectos. Las manías que te definen, porque sin ellas no serías tú. Te quiero a ti. Con todo.

Y aunque quizá se quedaran atrás esos días de Sigue leyendo

Los desconocidos navideños

muerdago

Son muchos los anuncios que en estas fechas nos muestran el mensaje de que hay que regalar tiempo a los que lo necesitan, a los que están solos. Tiempo, presencia, compañía, calor de hogar, cobijo emocional. Porque ese es el mejor regalo que se les puede hacer. Incluso la mayoría de las veces nos arrancan alguna que otra lágrima. Como si el resto del año no contara para nada…

Pero lo que muchos no saben es que existe una figura que no sale en los anuncios, una figura que tiene uno de esos regalos para cada uno de los trescientos sesenta y cinco días del año, una figura en la que estos días en los que se supone todo el mundo se reúne, sufre: los desconocidos navideños. Sigue leyendo

Las cestas de Navidad

cesta

Ella recuerda aquella época como una de las más entrañables. La época en la que comenzaban a llegar las cestas de Navidad. Grandes cestas, algunas de hasta seis y siete pisos, otras baúles como cofres del tesoro, llenas de los más exquisitos manjares. Y tantas, que las compartían cómo no con la familia. Por supuesto, a ella lo que más le gustaba era el jamón.

Recuerda que otras sin embargo no eran cestas, sino regalos que ella calculaba debían tener unos precios desorbitados: juegos de vasos del mejor cristal con las filigranas más bellas, figuras de porcelana de una famosa marca de la que no consigue acordarse; pero sobre todo rememora una figura de bronce en la que aparecían una yegua y su potrillo sobre un pedestal de plata. Qué cosa más bonita.

Y aun así, lo que recuerda con atención y un pelín de sabor amargo son las felicitaciones navideñas que acompañaban a todo aquello. No eran normales. Papel de la más alta calidad, obras de pintores famosos impresas como imágenes, y firmadas de una manera un tanto impersonal.

Pero recuerda que era una época entrañable porque se sentía importante con todo aquello. Su padre debía de ser alguien importante que tantas atenciones recibía. Era entrañable por las cenas de Nochebuena, las comidas de Navidad, las cenas de Nochevieja y las comidas de Año Nuevo. Recuerda las excelentes mesas que su madre preparaba, aunque por aquel entonces no suponía el sobreesfuerzo que le implicaba. Ella ayudaba en algo y le encantaba pero el gran peso lo llevaba su madre. Recuerda su familia en casa y bailar villancicos en el descansillo. Recuerda recuerdos nítidos y recuerdos fugaces. Sigue leyendo