Los pendientes de oro de 600 euros

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Ambos se encontraban sentados a la mesa en un bonito restaurante muy emblemático de aquella zona. Ella resplandecía con su espectacular melena y un escote de vértigo que acompañaba a una ceñida falda de terciopelo negro hasta las rodillas. Por primera vez en su vida se sentía viva. Se sentía libre. Se sentía una diosa.

– ¿Te apetece comer con champagne? – preguntó él.

– Oh no, gracias, no me gusta demasiado – por aquel entonces ella aún no sabía cuántas noches pasaría en compañía del mejor champagne francés.

Él, imponente y seguro de sí mismo, pidió la comida para ambos y en lo que la servían, ella aprovechó a conciencia para ir al lavabo que se encontraba en la otra punta. Caminó por todo el pasillo central con paso firme y un contoneo que hizo que sintiera cómo varias miradas se posaban en ella. Se exhibía para él. Para que la viera bien. Desplegaba todos los recursos de los que era capaz, pues quería retener a aquel hombre a su lado tanto tiempo como fuera posible. Porque le daba la vida y cada aliento que respiraba. Al volver a la mesa, en su plato encontró una bolsita decorada con sumo detalle, y en su interior una caja. La abrió y descubrió un precioso colgante en plata con forma de corazón y la palabra “amor” escrita en varios idiomas.

– ¡Es precioso! Qué bonito es, ¡me encanta!. Yo también tengo algo para ti… Sigue leyendo