¿Usted durmió anoche conmigo?

maquillaje

Atorada, deambulaba a toda prisa por la casa cambiando la música y sacando ropa del armario que echaba sobre la cama haciendo diferentes combinaciones. Era el momento que más disfrutaba de una cita: el ritual de la preparación.

Al final se decidió por aquel mini vestido morado de raso que tan lindo la quedaba. Y como no, le acompañarían unos tacones de vértigo en el mismo color que las florecillas que estampaban el vestido. Tenía costumbre de elegir primero el atuendo porque después iría en conjunto todo lo demás: el pelo, liso o rizado, recogido o suelto, el maquillaje, las uñas… En definitiva, la actitud. Un cigarrillo relajadamente antes de maquillarse sin más ropa que la interior y una bata de seda. Quizá una cerveza también para acallar los nervios.

Y así, con acabado perfecto y actitud segura, arrancó el coche para dirigirse al lugar de encuentro. Y sí, allí estaba él. Lo que entró por su retina la hizo ponerse nerviosa. Sus manos sudaban al volante. Ese cuero hasta la rodilla le hacía justicia. Y al abrir la puerta del copiloto, su perfume embriagador, su voz hechizante… Estaba perdida. Su actitud se esfumó y por disimular sus nervios se puso a hablar sin parar. Hasta que él con un gesto de su mano la invitó a callar y le dijo:

-¿Usted durmió anoche conmigo?

Se hizo el silencio…

-¿Cómo? –Preguntó ella algo confusa.

-Que si usted durmió anoche conmigo.

-No…

-Entonces primero me saluda…

Y la besó. Un beso en los labios que causó un silencio atronador en el interior del coche. Entonces los nervios se disiparon. Se volvió serena, como hipnotizada. Y arrancó.

¿Qué vienes a buscar?

5-fascinantes-curiosidades-sobre-los-lobos

¿Qué vienes a buscar

después de tanto tiempo

después de tantos años

y tanto sufrimiento?

¿Te piensas que sin más

puedes marcar su móvil

y yo sin importancia

voy a quedarme inmóvil?

Qué equivocada estás

pedazo inconformista

pues resulta que yo

soy más joven y lista.

Me retaste, so tonta

cuando en esa llamada

te pregunté tu nombre

y no me lo desvelabas.

Vaya tesoro perdiste,

niña tonta y caprichosa,

tratándolo cual juguete

y sintiéndote dichosa.

Relegándolo después

a un rincón, como si nada,

e invitándolo a tu boda

con quien contigo ya estaba.

Así que pequeña ilusa

¿Qué vienes a buscar

con tu marido, tus tres hijos,

y tu forma de llamar?

¿Te crees que por ser euskal

eres mejor y más chula?

Pues “pa” chula yo, bonita,

yo el corcel y tú la mula.

Así que, vulgar lagarta,

déjate de llamaditas,

ni le dirijas la palabra,

ni la hora, ni buenos días.

Y si arrepentida estás

de la elección que hiciste

te jodes, así sin más,

que oportunidad tuviste.

¿Cena de Navidad?

No me tomes por boba,

que ni toda zorra es de campo

ni toda bruja lleva escoba.