El Páramo

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Queridos lectores, me causa mucha ilusión contaros que hoy he firmado el contrato con la editorial con la que autopublicaré mi primera novela: El Páramo.

De la mano de Editorial Mundopalabras espero poder recorrer este camino contando con quien me levante si me caigo (que me caeré) y que vosotros me acompañéis en ello.

Como podéis ver, he insertado una página nueva en el blog que lleva por nombre el título de la obra y que estará dedicada a ella una vez esté disponible.

Hasta entonces, prefiero no desvelar nada para no quitarle… misterio… Pero os aseguro que no os dejará indiferente…

Te quedó grande

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Nunca pensé en escribirte,

pero ya no aguanto más,

eres dueño de mis noches,

pesadillas y demás.

Otra traición recibida,

otro puñal certero,

el tuyo, que no esperaba,

y si no lo cuento, muero.

Nosotros lo fuimos todo,

amigos, compañeros,

cómplices, confidentes,

el escudo y su guerrero.

Flipabas con mis colores,

los que había en mi cabeza,

y con los cambios de imagen

de aquellas noches de fiesta.

Flipabas con el motor

que dentro de mí escondía,

con sus salvajes caballos Sigue leyendo

Intoxicada

Diablesa

Se hartó. De tanto tira y afloja, de tanto tensar la cuerda, de ahora sí y luego no. De sus “mañana un café” y no atender siquiera la cita. De sus “me despisté”. De reglas del juego a las que no correspondía.

Se hartó. De que pasaran largas temporadas sin contacto. De no recibir noticias si no las daba primero. De ahora recibirlas sólo para esto, sin nada accesorio. De cortesías que no eran recíprocas.

Se hartó. De sentir la persecución sin tregua. De su Sigue leyendo

Me dueles

 

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Dueles. Como una hoja curva y fría haciéndote una trayectoria con un ángulo de noventa grados en las entrañas. Tal cual. Es la mejor expresión que lo define.

Y pasa el tiempo y no puedo olvidarlo. Dicen los expertos que cuando te sucede un hecho así, tardas unos dos años en sobreponerte. Pues el tiempo se ha hecho mayor y a mí me sigue doliendo igual. Me brotan las lágrimas de los ojos cuando hablo sobre ello.

Era mi pasión, mi alimento, mi dopaje, mi droga de la que nunca, nunca me desintoxicaré, jamás. Porque en aquel mundo, ser grande me hacía dar cada vez más. Sigue leyendo

Rata de dos patas

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Sí, tal y como dice la canción bien podría definírsete así. Porque lo que has hecho conmigo no tiene nombre.

Yo que te enseñé todo lo que sabes y te cobijé bajo mis alas en aquel nido de víboras… Porque no tenías ni idea de dónde te metías, pequeña. Te protegí, te cubrí mil y una veces. Y mira lo que me has hecho.

Animal rastrero, maldita sabandija, cuánto daño me has hecho.

Te enseñé a redactar, te enseñé a hablar, te enseñé modales, porque aunque tu fondo era lindo y puro tu forma era repulsivamente barriobajera. Y en aquel trabajo no se podía ser así.

Maldita sanguijuela, maldita cucaracha, cuánto daño me has hecho.

Te abrí las puertas de mi casa. Y fuimos como hermanas además de compañeras. Pero tus ramalazos de soberbia no aceptaban las correcciones, y te gustase o no, tú estabas a mi cargo y mi obligación era enseñarte. Te falta humildad, mucha humildad.

Recuerdo cuando compartíamos café y cigarrillo a primerísima hora de la mañana, y aún lloro. De dolor. Porque jamás me pude imaginar lo que hiciste cuando caí enferma. Sigue leyendo